Viernes, 15 de diciembre de 2017

Creencias y desasosiegos

11/marzo/viernes

 

Voy con Violeta a la catedral a escuchar el pregón de Semana Santa que este año lo da Vicente Garrido Capa, empresario y prohombre de Valladolid. Nacido en Medina de Rioseco, Garrido Capa lleva en primera línea de la sociedad vallisoletana cincuenta años. Su empresa, Lingotes Especiales, cotiza en Bolsa, una de las pocas de Castilla y León. Hombre inteligente, abierto y simpático, fue durante veinte años Presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Valladolid. En esa etapa le conocí, en la década de los ochenta del siglo pasado. Vicente Garrido siempre se encontró a gusto con los periodistas y todos los años nos citaba en Navidad para, en torno a una mesa, contarnos cómo marchaba la institución. También fue Presidente de la Feria de Valladolid y durante un tiempo concejal del Ayuntamiento de la ciudad.   

   Siempre tuvo un verbo claro y directo en sus actos públicos. En uno de ellos dijo que los políticos eran unos “trincones”. Se preparó la “marimorena”, hasta el punto que se marchó de la sala alguno al que le sentó mal la expresión. No sé si Vicente Garrido se refería a algún político de los allí presentes, posiblemente no, pero con el tiempo se demostró que respecto a España tenía  toda la razón. La corrupción de ahora se empezó a cocinar entonces.

    Ahora, a sus 84 años, sin haberse jubilado, sin haber cobrado nunca ni un duro ni medio euro de la Seguridad Social, Garrido Capa ha podido vivir uno de los momentos más intensos de su larga experiencia humana: pronunciar, o dar, un pregón que reúne a la sociedad más granada de Valladolid. La Semana Santa vallisoletana tiene enorme arraigo en la ciudad y el pregón es un acontecimiento religioso, social y cultural, como en el resto de España, de primera magnitud. En torno a la Pasión, Valladolid vive de otra manera respecto al resto del año. Se siente en todos los rincones un halo místico que se mezcla con la vida mundana, alegre y confiada, de los bares y restaurantes. El pregón es un momento grande. Es el prólogo, lo que calienta el ambiente, la llamada que empieza a poner color y emoción a un tiempo tan especial.

     Las tallas procesionales ya esperan, como los hachones, preparados para el encendido. En Valladolid los pasos alcanzan lo sublime porque las esculturas han sido trabajadas por la gubia de los mejores imagineros de España, como  Gregorio Fernández y Juan de Juni, los primeros entre los mejores. Por eso Garrido Capa dijo que “la Semana Santa de Valladolid es la mejor y única”. Hizo un recorrido de su experiencia semanasantera, día por día; una semblanza personal entroncada con la mirada colectiva. Habló de la traición, la fraternidad, el abandono, los desencuentros familiares, la soledad, el sentido del servicio, los “pilatos”, que tanto abundan, y los cirineos, que también los hay, y que se preocupan de los abandonados por la sociedad.

    El pregón de Vicente Garrido Capa fue la expresión de un hombre de fe, creyente profundo, entusiasmado de protagonizar un acto de enorme sensibilidad y religiosidad. El altar mayor de la catedral herreriana, de un trazado obsesionado por las líneas rectas, fue el escenario de su pregón, que cosechó aplausos y parabienes de familiares, cercanos, amigos, conocidos y feligreses varios. Su pregón fue la manifestación de un hombre culto que gusta de abrazar la sabiduría del común, del pueblo, lo que para mi, precisamente, es lo mejor de esa gran representación teatral, un supergigante auto sacramental, que es la Semana Santa en la calle.

     La Iglesia, titubeante con frecuencia en la forma de interpretar correctamente el Evangelio, y que por eso no siempre apoyó la Semana Santa popular, se muestra ahora convencida, como caída del caballo, al igual que su gran mentor, San Pablo. Mucho mejor el pueblo que la púrpura para ganar el cielo: “Bienaventurados los pobres, que de ellos es el reino de los cielos”.

    Todo lo que el pueblo quiere, para mi está bien. Si gusta de la flagelación, está en su derecho, si hay gente que procesiona descalza por una promesa, o un deseo, bien hace, si otro está convencido de que sus plegarias son escuchadas por Dios, y a El le reza, perfecto. Yo siempre valoraré, y defenderé, la libertad y la emoción del vivir individual y colectivo. Es más: creo que en la vida el hombre actúa más por la pasión que por la razón, y eso hay que entenderlo, y valorarlo.

  Dice Salvador Pániker en su “Cuaderno amarillo” que Max Weber profetizó la extinción paulatina de las religiones, pero que no ha sido así porque “el animal humano necesita desarrollarse y expandirse en la dirección racional/científica/secularizadora y en la metafísica/originaria/mística.” Todo esto, y mucho más, me hace pensar a mí en Semana Santa. Eso sí: me pasa siempre como a Pessoa en “El libro del desasosiego” tras un largo viaje: “he llegado a Lisboa, pero  a ninguna conclusión”.

  Después del pregón vamos a cenar en El Nipón, restaurante de comida japonesa, claro. Con Jesús Alberto y su mujer Luisa del Henar, Víctor Peral y su mujer Antonia Valdenebro y Javier Montaña y su mujer Asunción Renedo. Faltaron a la cita, Javier Aguirre y su mujer, Mabel Juncales y Javier Leman y su mujer Leonor Campos. Cena llena de risas y conversaciones cruzadas. Un poco caótico todo al principio porque queríamos hablar y hablar; parecía como si tuviéramos déficit de conversación y necesitáramos ser escuchados. Hay que reconocer que  una de nuestras necesidades básicas, como comer y beber, es que nos escuchen. Todos tenemos el ego muy desarrollado. Por eso hablamos más que escuchamos, a pesar de que la buena educación, y las recomendaciones de prudencia al hablar de Quevedo y Gracián. Mis amigos me critican que hablo siempre mucho, más que ellos. Claro, es que tengo el ego muy subido y la vanidad siempre a punto.

   Pronto todo fue por los cauces de una tranquilidad ambigua. Hasta que, no sé por qué, empezamos a hablar de los derechos de la mujer y la desigualdad que sigue existiendo con el hombre. En la Peña Cañizo no somos machistas, ni mucho menos, pero tal vez alguna vez nos salta algún ramalazo indebido. Luisa del Henar, por si acaso, nos puso en su sitio y nos demostró que la mujer, entre otras cosas, sigue cobrando menos que el hombre por el mismo trabajo. Luisa hizo una defensa de la mujer perfecta, y nosotros le dimos terminamos dando la razón en todo, aunque después de fajarse mucho. Yo defendí que la mujer es superior al hombre, ya desde el plano físico; la naturaleza la hecho tan fuerte que es la que pare, la que procrea. Sí, el hombre ya desde las cavernas nos dedicamos a la caza y a guerrear, pero la fuerza mental de la mujer, su capacidad para el sufrimiento, para el esfuerzo y para todo en la vida supera al hombre. Claro que hay de todo, como en botica, pero la regla general creo que es esa. ¿Significa eso que somos iguales? No, somos distintos, diferentes en muchos aspectos, porque no son lo mismo los estrógenos femeninos que la testosterona masculina, sin entrar en otros matices.

   Luisa del Valle, con sus grandes ojos azules, fijos, su seriedad, expresa para convencer, y su dominio del tema nos dejó las cosas muy claritas. Incluido a su marido, Jesús Alberto, hombre educado, tranquilo, ajeno a la estridencia, de los que  nunca levantan la voz aunque sólo sea por no molestar, pero de esas personas a las  que siempre hay que escuchar. Porque siempre habla con razones.

   La cena me supo a gloria, aunque a mi la comida japonesa no me “sulibeye”. Pero claro, estuvo regada con grandes vinos de la Ribera del Duero y champán Moët Chandon. Nos invitó a todos Asunción Renedo y Javier Montaña por haber sido abuelos recientemente. La enhorabuena bien valía el brindis y el dispendio.

   Velada divertida y llena de argumentos que completamos con un gin-tonic en el Pasaje Gutiérrez, junto a la escultura del dios del comercio, Mercurio ( del latín merx, mercancía).Aquí apoquinó Víctor Peral, que quería celebrar también el encontrarnos antes de emprender nuevas etapas del Camino de Santiago diseñadas por él. En ese momento ya con Javier Aguirre y Javier Leman, dos pesos pesados de la Peña.

    Este pasaje es, sin duda, de los rincones más acogedores e interesantes de Valladolid. Una galería de encargada por Eusebio Gutiérrez en 1886 (el año de la constitución de la Cámara de Comercio e Industria de Valladolid) al arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina. La galería, después de muchos años de abandono, fue restaurada. Su cúpula de cristal, y toda la galería, recuerdan a otras a las que imitó de Francia, Alemania e Italia. En Nápoles yo he visitado una muy semejante, pero con mucha más vida. Las pinturas de temas mitológicos y alegóricos son de Salvador Seijas, de buena factura.

   La ciudad no acaba de valorar este lugar tan singular como se merece. Tal vez considere que está alejado del centro, cuando está a unos 250 metros de la plaza mayor y a 150 de la catedral.

     

   12/marzo/sábado

 

   Cumpleaños de Andrés Urdiales. Le felicito por wasap, que es el sistema que ahora se emplea. Considero que lo suyo hubiera sido llamarle por teléfono, pero la vida actual es así. La técnica nos envuelve. Procuro que no me pase, pero me pasa. Las infinitas posibilidades del teléfono móvil está desplazando la comunicación verbal. Es bueno para muchas cosas, pero malo para otras. El teléfono lo mismo comunica que incomunica. Y como somos animales de costumbres, y nos dejamos llevar en rebaño, como las ovejas, hacemos lo que nos manda el pastor moderno, que no es otro que la ciencia. Desde Newton, incluso desde mucho antes, desde Copérnico, desde Galileo Galilei, la ciencia ha ido comiendo terreno a la concepción teológica de la vida, señora de todo el pensamiento anterior.

   Cierto que el hombre siempre ha tenido, tiene y seguirá teniendo raíces religiosas, pero la competencia que genera la ciencia es cada vez mayor. Y eso que se sabe muy poco del universo, de la infinitud de estrellas e incluso galaxias que hay. Los astrónomos a la cabeza, y todos los científicos, matemáticas van y matemáticas vienen, están dando mucho de sí, pero a la vez poco, porque el cerebro humano no puede más. De momento. Ahí la religión, que no exige más que fe, y no tiene que demostrar nada, sigue ganando la partida.

    Por eso cuando la ciencia descubre nuevos inventos  nos sentimos eufóricos, como ajenos a nuestros ancestros de hace 800.000 mil años, como el Homo Antecessor, de Atapuerca, o 18.000, como los de la cueva de Altamira, o 5000, como los que hicieron la pirámide de Saqqara de Egipto. Que desde un teléfono móvil podamos acceder a más información que la que albergaba la biblioteca de Alejandría nos convierte en hombres irreales. Porque la información podemos tenerla, pero no procesarla. Todavía nuestra cabeza no puede con tanto.

    Pero nos ilusiona, nos llegamos a convertir en niños, volvemos a los orígenes, a la sabiduría de la infancia, amantes de la novedad, cuando tenemos un teléfono móvil en las manos. Y por eso enviamos wasap y más wasap, porque necesitamos estar al día, vivir como lo hace la sociedad que nos circunda, hacer lo que hacen los demás. Somos bonobos venidos a más. O a menos, porque si nos comunicamos incomunicándonos pues no sé yo.

    El caso es que Andrés Urdiales, acompañado de su mujer, Felisa Bilbao, nos invitó a cenar a Violeta y a mi en El Mariscador. Un changurro exquisito y un rodaballo salvaje de primer nivel. Vinos de categoría completaron la cena.

    La conversación con Andrés Urdiales y Felisa Bilbao, mujer inteligente, despierta y lista,  estuvo llena de críticas al mundo que conocemos. Especialmente a la actitud/ineptitud de nuestros políticos, tan dados al desencuentro, a la bronca y a la corrupción, y al mundo que tejemaneja la economía, atiborrada de gurús y fantasmas. También repasamos la soberbia que impera en las personas que triunfan, esas que entienden que triunfar es ganar dinero para dejar asentadas a varias de sus generaciones. Siempre digo lo mismo: ¿para qué querrán ganar tanto dinero algunos, para dejárselo a los bisnietos? Pero si nuestra relación, y nuestra memoria, llega siempre, como mucho, al nieto. ¿Para que ir más allá? ¿Cuántos bisnietos recuerdan mínimamente a sus bisabuelos? Pero no es eso: es la avaricia. El rico Epulón es una especie extendida desde tiempos bíblicos. Allá ellos.

   Suelto una frase que hizo fortuna: “acertar con el oficio es acertar con la vida”, Miguel Delibes. Andrés Urdiales se la apunta. Piensa que es la realidad, que define perfectamente el éxito en la vida. Que el trabajo se convierte en pena cuando se hace por necesidad, en contra de la vocación. Otra cosa es no tener ni oficio ni trabajo y, como consecuencia, ni vida.

    Pero la vida siempre te lleva y te trae, muchas veces a mal traer, y nosotros no somos capaces de vencer la inercia y las circunstancias. Somos simios avanzados, pero de forma insuficiente. Queda mucho recorrido por hacer. Lo mismo para los ricos desenfrenados que para los pobres, a los que no les coincide el oficio con la vida. Nosotros, como somos clase media, estamos ahí, que ni mal ni bien, sencillamente vamos haciendo.

    Mientras tanto, el vino, un verdejo de Viñedos Centenarios de Cuatro Rayas, que siempre eleva el espíritu y el ánimo del cuerpo adormilado, nos hace más espontáneos y dicharacheros. Nos sentimos felices. ¿Qué más se le puede pedir a una cena? Que además sea gratis. Pues eso.

 

13/marzo/domingo

 

    Chambo se pasa el fin de semana en casa. Su dueña se ha ido a Asturias y lo tenemos acogido. Aunque no le gusta. Se pasa la vida en el jardín de entrada, junto a la cancela, esperando a ver si llega el coche de Marina. Le llamo y me mira sin levantarse, como diciéndome, déjame en paz, que yo lo que quiero es que vuelva Marina. Le hago mimos, le acaricio y ni por esas. Siempre que se queda solo se enfada. Aunque le de salchichas no le cambia la cara ni el carácter.

     Lo saco a pasear con Rumbo, el perro de aguas que va a cumplir seis meses. Es un cachorro incansable que agobia a Chambo para que juegue. Hasta que le enfada y le marca con sus largos dientes afilados. Rumbo se va hacia atrás y me mira. Los saco a pasear a los dos. En una era cercana corren y corren sin paran. Rumbo, ágil y de una destreza de liebre, se le escurre a Chambo. Van y vuelven, acezan, pero siguen. Que se cansen. Yo mientras tanto los observo y veo cómo están de engalanados, con sus flores entre moradas y rosas, los ciruelos silvestres. Los almendros se muestran  eufóricos también. La primavera ya mira desde cerca y se nota que la tierra empieza a bullir. Es la vida, que nace, crece y se desarrolla a partir de la tierra que se esponja, bajo la mirada atenta del cielo luminoso, abierto, de un azul suave, casi blanco, casi gris.

 

 15/marzo/miércoles

 

   Me veo en la duda de qué ver en televisión durante el horario de noche: el partido de fútbol Atlético Madrid/PSV Eindhoven o una nueva serie que se inicia y que se titula “El Caso”. Un recuerdo, un homenaje, al semanario de sucesos que durante varios años circuló en España desde 1952 y 1997.

   El partido lo veo veinte minutos; después mi mujer mandó parar porque dice que no aguanta “el ruido” de los partidos de fútbol. Cambio de canal y sigo el primer capítulo de “El Caso”, protagonizado por Fernando Guillén Cuervo, un gran actor, hijo y hermano de actores. Me interesa ver cómo se trata a aquel periodismo crudo lleno de autenticidad. Los redactores del periódico estaban siempre en el lugar del crimen y su amistad con la policía de la época, sobre todo hasta los años ochenta, les permitía acceder a informaciones únicas y exclusivas. Muchas veces los periodistas de “El Caso” llegaban  al lugar de los hechos antes que la policía, lo que les generó una gran credibilidad, contrapunto a la relación especial que algunos de ellos mantenían con la policía. Algo que se podía resumir en  “tu callas esto, que yo te doy a cambio esta otra información”. Nada que no haya sido práctica de otro periodismo: recibir informaciones exclusivas de determinadas fuentes a cambio de callar otras.

    Compañero mío fue Enrique Rubio, uno de los redactores de este semanario de sucesos que tantas exclusivas publicó en los años sesenta y setenta. Coincidimos en la redacción de Radio Nacional de España en Barcelona, donde trabajaba como  redactor fijo. Era especialista en timos, muy habituales en aquella España. Tenía en sus archivos “la timoteca nacional” ( el tocomocho, la guitarra, la borreguita…), y siempre encontraba abierta la puerta de la sede central de la policía en Vía Layetana. Siempre se mostró orgulloso de su amistad con policías, subinspectores y comisarios de Barcelona. Le trataban más como amigo que como periodista. No se puede olvidar que en ese tiempo se decía que la noche estaba dominada por las tres “pes”: policías, periodistas y putas. Años oscuros.

    Enrique Rubio, que fue un gran investigador y delegado del semanario en Cataluña, llevó la crónica negra a TVE con gran éxito, porque a la rigurosidad de sus informaciones le añadía un gran sentido del humor. Fue un colaborador imprescindible en el programa “Investigación en marcha”.

    Era natural de Alcázar de San Juan, lugar donde le pude abrazar por última vez con motivo de un premio que le entregaron. Yo había ido a esta localidad a ver a un amigo y nos encontramos en la misma celebración. Ya estaba tocado por los años y la falta de memoria, y le costó reconocerme. Aún guardo una caricatura que me hizo, muy conseguida, en el año 1981 que pone debajo: “¿quién trabaja como un enano?, Aniano”. Fue la época en que servidor entraba a las seis de mañana a la emisora, Paseo de Gracia 1,  y me iba cuando terminaban las noticias, que era nunca. Para que después mis amigos de Valladolid, algunos maledicientes, me echen en cara que trabajo poco. Cada cosa en su momento.

    “El Caso”, fundado por Eugenio Suárez,  trató temas de gran notoriedad (crímenes de los Galindos, los Urquijo…) El proceso del asesino Jarabo fue una mina para el semanario. Juan S. Rada, que fue uno de sus directores, dijo en una entrevista que con el “caso Jarabo” vendieron  480.000 ejemplares en un solo número. Como agradecimiento a tan gran éxito el director del medio de entonces le envió a Jarabo, por medio del policía que le interrogó, una caja de puros. “El condenado se pasó el día anterior a su cita con el cadalso fumando como un descosido”, aseguró.

   Los tumbos, historias y peripecias de El Lute fue otro filón para “El Caso”. Aquel hombre, ahora abogado, trajo en vilo a toda España. Era yo adolescente y siempre recuerdo el hecho de que en una de sus fugas de la cárcel dio a parar en Cañizo, mi pueblo, pasando allí unas horas. Mi padre tenía una casa deshabitada y se la había dejado a unos mercheros ( quinquis, según el DRAE) que todos los años iban allí a arreglar  cazuelas, calderos y todo tipo de cacharros de latón.

    Según me contaron, la Guardia Civil rodeó la casa de noche, pero El Lute se escapó por el tejado hasta perderse en Salamanca, su tierra natal, donde tenía familiares y amigos. A mi padre, años después, le regalé “Camina o revienta”, la increíble y convulsa vida de Eleuterio Sánchez Rodríguez. El libro, que aún está en mi casa de Cañizo, lo leyó mi padre cinco veces. 

    Mi amigo Delfín Rodríguez, que estudió conmigo en el Seminario Misionero del Verbo Divino, extraordinario escritor, fue redactor-jefe de “El Caso”. Allí aprendió a hilar las historias hasta convertirlas en novelas, como “La noche que pasó aquello”, donde narra la tragedia de Ribadelago, aquel “caso” terrible que se llevó por delante 144 vidas al romperse, el 9 de enero de 1959, la presa de Vega de Tera, situada en la sierra Segundera, en parte alta del Lago de Sanabria.   

 

    16/marzo/miércoles   

 

  Veo unas imágenes en televisión que me revuelven el estómago y me afligen el alma. Unos hinchas holandeses que han ido a Madrid a ver el partido de fútbol Atlético de Madrid-PSV Eindhoven tiran monedas al suelo, con peor intención que a los perros, a un grupo de mujeres rumanas que estaban pidiendo limosna en la plaza Mayor de la capital. Las pobres señoras, vestidas con ropajes propios de su situación,  se tiraban a por las monedas de forma humillante. Una actitud indigna, horrorosa, de unas personas que se creían seres superiores.

     Nunca había visto una imagen semejante. ¿Cómo es posible que ciudadanos de una nación tan culta y avanzada como Holanda hagan cosas semejantes? Un hombre y una mujer españoles les recriminaron el hecho. Un ejemplo de dignidad humana ante acémilas peligrosas. Al ver esa imagen comprendí por qué en algunos países de Europa los partidos de la extrema derecha, fascistas y nazis, siguen cosechando resultados electorales que me hielan la sangre.

    Siento repugnancia ante hechos de esta gravedad, que se unen al trato criminal que se hace en las fronteras de Grecia y Macedonia a los refugiados sirios que huyen de la guerra en su país. Las imágenes que vemos en televisión de estos refugiados, en pleno invierno, cruzando ríos, atrochando lodazales, ancianos, mujeres y niños, es una demostración de que este mundo, por supuesto la rica y culta Europa, no tiene solución. Sigue aumentando mi desconfianza con el ser humano, y más con el zoon polikón. Y a lo mejor, lo peor está por llegar. A fin de cuentas, la Segunda Guerra Mundial terminó tan sólo hace 70 años. Y la de los Balcanes hace 20. O sea, toda esa locura fue ayer.

 

     17/marzo/ jueves

 

    Un día más sin gobierno. Nuestros políticos, esos que se comunican/incomunican por wasap, o por las redes sociales, “deberían preguntarse como aquel predicador que, en medio de una explosión de aplausos que cubría una de las frases del sermón, se detuvo y preguntó: ¿ he dicho alguna tontería?” Lo cuenta Tolstói en sus Diarios