Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hay que empezar ya a arreglar esto

No quiero que mis palabras sean vanas. Me gustaría que como todas las palabras que se precien de serlo, formaran parte de esa PALABRA que se ofreció para ser LUZ y VIDA, en el pórtico del Evangelio de Juán,  que he meditado estos días previos a la santa semana aunque aquella la más verdadera, sufrió desconocimiento y rechazo. Así somos siempre de mentecatos los humanos.

Ante el papel en blanco temo verter mis torpes palabras, las que ya me cuesta agarrar del deteriorado refugio de mi memoria y con un acto de fe recurro  a “la nube”, al universal depósito de la memoria humana que transita el tiempo.

Siempre me gustaron los mapas, pero el que pretendo recorrer ahora es confuso, difícil para científicos, psicólogos, analistas e incluso avezados políticos. Más para mi.

Primero quise acercarme a los refugiados que de pronto parecieron interesar por un pequeño niño ahogado junto a una playa turca. Poco tiempo duró la conmoción; miles de refugiados sirios, en su pretesión de atravesar Europa en un doloroso caminar, volvieron al olvido o al rechazo, dejando jirones de vida, con sus criaturas a cuestas y los abuelos arrastránose por los lodos del barro invernizo y los de la conciencia inhóspita. Tema horrendo que ha tirado por tierra decálogos de derechos humanos y de misericordia cristiana. Dudo del actual tímido despertar

Porque lo traté ya  hace unos meses y sigue, sigue. ¿Cuántos refugiados hay en España? Los próceres se reunen en conferencia sin que acabe siendo un caso urgente de conciencia. No encuentro la “humanidad” de la noble y vieja Europa.

 Porque ya no se a que apelar decido pasar al terreno político- social del gobierno de los pueblos, necesario para que las relaciones humanas se desenvuelvan con normalidad. Parece que se ha olvidado lo de “Soy hombre, nada de lo humano me es ajeno” el dicho de Terencio, liberto africano del siglo II a.C.

Los que eligieron el noble quehacer de la “política”, los que por ello han de luchar por el bién común, la paz, la concordia y el bienestar entre los que viven en  un territorio: pais, comunidad, provincia, pueblo, parecen que han perdido su norte, dirección, asiento, sentido común. Se confiesan constantemente “humildes”, recitan casi rutinariamente a modo de mantras las tres o cuatro propuestas que lógicamente les son comunes     –dejarían de ser demócratas si no existieran­: soberanía naciomal, igualdad, disminuir el déficit, acabar con el paro– pero se acercan, se separan, no alcanzan a reconocer que ninguno de ellos es superior a los otros; que esa igualdad que van a proponer, ya existe, a menos como un debe, en un país democrático, que lo único que les diferencia es el pueblo, los millones de personas que necesitan ser reconocidas. Si tienen capacidad para organizar mejor la polis, que demuestren de una vez que saben y pueden hacerlo.

Si no, es mejor que se retiren pues ya se va alargándo el tiempo  que utilizan para hacer algo tan sencillo que sólo exige esa humildad de que presumen y no tienen.

Ahí sigue el “rajonismo” que se descompone por la acumulación de corruptelas disimuladas que ante la parsimonia del jefe, van saliendo a la luz. Ahí está él, el presidente “en funciones”, sentadito en su silla, cada vez más pasmao pero con la seguridad del sueldazo y la de sus dos notarias en marcha.

 

Y Pedro con la mano indicativa o tendida, con sus visiteos a amigos y enemigos, para una investidura que peligra si se celebra después de los comicios de su partido que siempre tuvo la costumbre de descabezar a los que habían perdido alguna elección.

 

Los buenos “ciudadanos”  de Albert Rivera que saben y gustan pactar.

 

Ahí están los PODEMOS de corta y ascendente singladura, pero con la reciente destitución del 3 pronto empiezan a descabezarse. No quiero dejarme la simpática e inteligente cara de Garzón que no se por qué  sube tan poco.

Y ahí está el pueblo bajo el escerario o en el “gallinero” aguantando los besos y las puñaladas de las marionetas a las que se paga mientras entretienen al personal aburrido.

Y aquí me tienen a mi, venga a enchufar la radio o la tele a ver si me sorprenden con algo nuevo, algo que acabe con esta larga tregua, este cansino sesteo.

Me pregunto por qué no se acude ya a un hombre listo, honrado, sensato, desinteresado que organice una Comisión Gestora que decida por todos, porque la broma se acabó, que no se puede malgastar más con tanto pobre que tenemos, que los políticos actuales no merecen gobernarnos; que se vayan a la militancia de base de sus partidos y que promueba unas “primarias” para todos los nuevos que quieran presentarse.