Domingo, 17 de diciembre de 2017

Ante todo atraer coches, aunque contaminen y atropellen.

Solar de la Calle de la Radio convertido en un “exitoso” aparcamiento gratuito. Ampliar la Alamedilla a cabio fue imposible.

Comentaba la semana pasada que la oferta de aparcamiento para vehículos privados aumenta, como puede verse en la sección de Ingeniería Civil de la web municipal. Recordemos que sólo el 23’8% de los viajes relacionados con la ciudad se realizan utilizando el vehículo privado, de ellos casi el 60% (100.000 viajes) provocados por la relación de esta con su entorno. Y una forma muy efectiva de atraer vehículos es dando facilidades a la hora de aparcar, cuando lo más adecuado para afrontar una política de movilidad sostenible es precisamente controlar esa oferta de aparcamiento.

La Ley de Economía Sostenible apuesta en su artículo 100 “Objetivos de la política de movilidad sostenible” punto 4, por: “Fomentar los medios de transporte de menor coste social, económico, ambiental y energético, tanto para personas como para mercancías, así como el uso de los trasportes público y colectivo y otros modos no motorizados. Sobre aparcamiento, “La Estrategia Española de Movilidad Sostenible” en su punto 6.5.1. apunta “Planificar y gestionar los aparcamientos con criterios de sostenibilidad, evitando que incentiven el uso abusivo del automóvil.” Si sumamos los informes de la Organización Mundial de la Salud sobre Contaminación, como el último que vuelve a vincularla mayoritariamente con el transporte, no parece que estemos en el camino.

Aprovechando, ¿qué fue de los resultados de este estudio financiado con fondos europeos y municipales?

No se pretende que se prohíba aparcar, necesitamos políticas racionales que no incentiven el uso innecesario del vehículo privado garantizando una relativa facilidad para su aparcamiento, que es lo mismo que atraerlos. Y esto supone limitarlo y controlarlo. Desde luego resolviendo las deficiencias relacionadas con los residentes, derivadas de un mal diseño de la ciudad en el pasado, pero nunca a costa de espacios verdes y arbolados o susceptibles de serlo.

La demanda de aparcamiento es permanente, como el tráfico se mueve en un continuo punto de crisis, de saturación, forzando la perene creación de infraestructuras para él, y consumiendo inagotablemente espacio urbano que se roba a otras actividades y, sobre todo, a las personas. El espacio es limitado, pero la imaginación para ocuparlo mucha. Y aquí está al Ayuntamiento, endeudado y con Plan de Movilidad Sostenible y todo, gastando dinero público para aumentar la oferta de aparcamiento gratuito en la ciudad. Que es lo mismo que lanzar el mensaje de que es más fácil utilizar el coche, porque a la par se toman otras decisiones que dificultan seriamente a otras formas de viajar.

Es otra expresión más de cómo contemplan el espacio urbano. No para las personas, al servicio de los intereses generales y para mejorar su calidad de vida. Imponen su continua privatización, convertirlo en lugares muertos ocupados muchas horas por vehículos que en realidad no se necesitan. Mejor que plantar unos árboles (que además enferman con facilidad o caducan según nuestros munícipes gobernantes), colocar unas canastas o simplemente dejarlos para jugar. Ya sé que están destinados a otros usos, pero se redirigen hacia el aparcamiento dado que no parece que esos estén próximos. No resulta sorprendente en una ciudad donde, además, hay precedentes de “privatizar” jardines públicos.

La obsesión de ganar espacio para aparcar lo reduce para la gente. A veces de manera muy sutil, como reconvertir aparcamiento en línea en batería, con lo que el morro de los vehículos invade parte de las aceras. Ni siquiera se les ocurre a las sesudas mentes municipales utilizarlo, aunque fuera, como moneda de cambio. Por ejemplo, el solar en la Avenida de San Agustín lindante con las Hermanitas de los Pobres que van a convertir en aparcamiento, podría utilizarse para eliminar el existente a trozos en el lateral derecho (sentido Valladolid) y poder crear un paseo sin interrupciones hasta el parque de Wuzburg o el polígono industrial de los Villares. Mejorando ese uso a las numerosas personas que utilizan así esta calle todos los días. Seguramente es mucho pensar y cuanto más aparcamiento para coches mejor. ¡Ah! y las bicis por las aceras.