Domingo, 17 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Cuando tú vas... yo también voy

Me he levantado setenta veces siete, y otras tantas que lo haré, seguimos siendo incorregibles, y siempre tropezamos con la baldosa que aún, no está levantada del suelo, casi siempre es la misma

¡Cuánto me gustaría tenerte a mi lado y sonreírte!

Y no estar buscando o revolviendo recuerdos, que quieres fijarlos todos con pegamento, por si hay alguna ráfaga de viento, que no se los lleve volando, como si fueran las hojas otoñales caídas de los árboles.

No entiendo por qué te tuviste que ir tan pronto de mi lado,      

no entiendo el lenguaje de la ausencia,                                        

ni tampoco alcanzo a comprender el dolor que me causa,             

ni la tristeza que me envuelve.

Me he levantado setenta veces siete, y otras tantas que lo haré, seguimos siendo incorregibles, y siempre tropezamos con la baldosa que aún, no está levantada del suelo, casi siempre es la misma.

Cuando llegan  días como el de mañana, que tenemos que pasarlo, estamos deseando saltarlo de golpe, aunque nos demos un golpe por ello, pero queremos verlo pronto alejarse, por si no tenemos fuerzas para  sostenerlo.

Se nos olvida que todo es efímero, que nada permanece anclado al terruño, nada permanece,¡ sí pervive!, como los parásitos que viven aprovechándose de otros, de otra vida. 

Los recuerdos viven, muchas veces, por encima de nuestras vidas, le damos preferencia y nos anulan, dejamos de ser nosotros,  para pensar lo que haría o no haría  la otra persona y pasamos nosotros,  a ser recuerdo.

¡Cuánto me gustaría tenerte a mi lado y sonreírte!

Y no tener que estar con el pañuelo recogiendo los restos de las perlas que arrojan mis ojos al nombrarte.

Tu mirada se quedó clavada en mi corazón,                                       

tu sonrisa la congelé para que no se borrara,                                           

tus palabras las grabé a fuego en mi alma,                                        

y tus manos las tengo, todavía, asidas a las mías, para que no me abandones del todo.

Y cuando llegan días como el de mañana, mejor guardo silencio y espero que hables.

Que pueda sentirte, que siga queriéndote y soñando, un sueño hermoso, en el que tu y yo somos los de siempre, donde todavía no han roto nuestro lazo y nos  encontramos, ¡somos!, no hay nadie que nos impida ser y traspasar los límites finitos.

¡Cuánto me gustaría tenerte a mi lado y sonreírte!

Para seguir susurrándote palabras sin que otros puedan oírlas y guardarlas como un secreto;
y seguir siendo dos, los que caminábamos por el parque esta mañana,
y seguir siendo dos, los que compartíamos nuestros deseos,
y seguir siendo dos, los que marcábamos el ritmo de nuestras risas,
y seguir juntos , muy juntos, ¡que no se nos olvide querernos!.
Y si mañana llega, que lo haga pronto, ¡qué aquí estaremos! .

Que estando juntos nada nos puede superar, y nadie nos puede separar.

Nuestro encuentro extralimita la realidad y nuestro amor pervive allí, donde el aire despide luces de colores.

¡Cuánto me gustaría tenerte a mi lado y sonreírte!

Para poderte dar un beso en tus labios,
para poder sentir tu mano encima de mi hombro,
para poder oír el timbre de tu voz, cuando me cantabas canciones de amor y recrearme en  tus gestos, en tu entusiasmo, en tu libertad, porque... cuando tú cantabas, ¡hasta los pájaros se paraban a escucharte!, ¡eras todo una sinfonía!

¡Cuánto me gustaría tenerte a mi lado y sonreírte!...

Di,  ¿ Qué podríamos hacer para que vuelvas con nosotros?.

Charo Nieto García