Viernes, 15 de diciembre de 2017

Anacronismos en 2016

Ya estamos de vuelta en el siglo XVII.

Desde hace más de 400 años la cofradía de la Vera Cruz (la más antigua de Salamanca), junto con las demás cofradías que se han ido sumando en los últimos cuatro siglos, nos devuelven año tras año al medievo.

Bueno, está bien, para quien le guste.

 

Lo malo es eso, que te guste o no te guste, la ciudad te obliga a vivir en la edad media quieras o no quieras. Los estandartes de la plaza, los encapuchados, la sobriedad tétrica de la música y las vestimentas, contrastan fuertemente con la alegría desbordante del renacer de la vida que trae consigo la primavera.

 

Porque eso es lo que se celebra desde que el mundo es mundo: el renacer de la vida con la llegada de la nueva estación. No en vano, el jueves santo se hace coincidir con la primera luna llena de la primavera, pero la iglesia católica (como todas las religiones, en esto no es ni mejor ni peor que las demás), sacralizó todas las fiestas paganas: al pueblo no se le podían quitar sus festejos, se habría revelado en masa, así que lo que se hacía era dotar de un carácter religioso a fiestas que nada tenían que ver con ningún dios. O al menos, con ningún dios de ninguna religión actual.

Así, la semana santa es la fiesta de la primavera, las hogueras de San Juan marcan el inicio del verano, la navidad se llena de luces precisamente porque se celebra en las noches más largas y frías del año,…

Y a mí, que me gustaría celebrarla con la alegría de la vida que se renueva, con la quietud que acompaña a las tardes que se estiran perezosas después del largo invierno, con paseos por entre los jardines florecidos, me tengo que conformar con salir a las afueras de la ciudad, porque el centro está cortado para el paso de los penitentes. Porque coger el coche para irme más lejos ni se me ocurre, con los atascos que se preparan.

 

Que digo yo, que en pleno siglo XXI, está bien que sigan haciéndose ese tipo de celebraciones y ritos, porque hay mucha gente religiosa que realmente siente lo que se refleja en esos pasos, y hay otra mucha gente, que sin ser religiosa, le gusta que las tradiciones pervivan eternamente; pero podrían hacerse también otro tipo de celebraciones, no sé, teatrillos callejeros por ejemplo, para los que ni somos católicos practicantes, ni nos dice nada esta aparente inmovilidad del tiempo.

 

Pero sobre todo, que no corten todo el centro, ¿no podrían las procesiones acotarse un poquito a los alrededores de las iglesias? A mí es que, precisamente esas tardes, las primeras de la primavera, no me gusta nada que no me permitan pasear por la plaza a mis anchas. Rarita que es una.