Viernes, 15 de diciembre de 2017

Tiempo de silencio

Para la primera generación de los que tuvimos que enfrentarnos al BUP (Bachillerato Unificado y Polivalente) y el COU (Curso de Orientación Universitaria), Tiempo de silencio era el título de la novela de Luis Martín Santos. Llevada al cine años más tarde y protagonizada por Imanol Arias, no sólo describe el ambiente y la sociedad española de la postguerra, sino una determinada forma de sentir, percibir y vivir el tiempo. Rompe con la forma tradicional de plantear el relato y el lector se detiene perplejo, obligado por el narrador a bucear en el pasado, proyectarse en el futuro y soñarse en el presente.

Esta nueva forma de entender el tiempo vinculada a la inquieta tensión que producen los tiempos de espera puede ser útil para transformar estas semanas en un tiempo de silencio. Aunque el ruido de los petardos no contribuye demasiado a plantear este tiempo político como un tiempo de espera, no nos faltan oportunidades y ocasiones. Quizá el calendario fallero, litúrgico y político se ha confabulado secretamente para aprovechar los tiempos de silencio que nos ofrecerán estas semanas sin candidato para el nuevo gobierno.
 
La participación en la ofrenda es uno de los privilegiados momentos de silencio en estos agitados días de ruido. Aunque un porcentaje elevado de quienes participan en ella viven al margen de las celebraciones religiosas, gran parte de los que desfilan en la ofrenda aprovechan el paseo para dos cosas: recordar a familiares o amigos que este año no les acompañan y proyectarse en los hijos pequeños que, sorprendidos por la puesta en escena, aguardan con impaciencia el tiempo espera. La secularización de los ambientes no ha impedido la emergencia de nuevas espiritualidades y por eso los responsables de organizar la ofrenda buscan que los ritmos no solo faciliten el pausado tiempo de la marcha sino el reflexivo tiempo de silencio.
 
Los menos falleros cuentan con la inmediatez de la Semana Santa y la liturgia del Vía Crucis para organizar sistemáticamente el silencio. Aunque en esta tierra es difícil separar el mundo de las fallas y el mundo de las cofradías, las hermandades y parroquias eligen el silencio para marcar la diferencia. Son días en los que tienen buena acogida las iniciativas relacionadas con la meditación o el recogimiento. Incluso a nivel civil las autoridades reconocen y otorgan valor a esos momentos de silencio matricialmente religiosos. La indiferencia o desprecio que algunas autoridades muestran ante lo religioso en otros momentos del año, se transforma en respeto porque reconocen el valor de un tiempo cívico de silencio.
 
Tampoco es tiempo para la nostalgia de transiciones y amores pasados. Quizá por eso, también sería bueno encontrar tiempo para escuchar “Rosas”, la única canción de “La Oreja de Van Gogh” donde aparece citada, intencionadamente, la novela de Martín Santos.