Lunes, 11 de diciembre de 2017

Negociaciones

ya están todos preparando las elecciones, ya están todos derrotados, sin ganas de pelear, de negociar, de pactar. No saben, no tienen ni idea de lo que es escuchar al adversario, acercar posturas, ceder en las posiciones propias y llegar a acuerdos. En un momento concreto se nos vendió que lo mejor era el bipartidismo y perdieron la capacidad de aguzar el oído.

                Los nuevos llegan sin la preparación precisa para el diálogo, no han ejercido ese movimiento en su vida, ni profesional, ni personal, ni políticamente. Son profesores que siempre han tenido la “sartén por el mango” y que, jamás, se han visto en la necesidad de sentarse en una mesa y perder, pues perder es lo que se hace en la negociación.

Aún recuerdo una reunión con un ilustre jefe de la inspección educativa, de una ciudad que no voy a desvelar, que, cuando le dije que estaba dispuesto al diálogo, me espetó que él no chalaneaba y se limitaba a aplicar la Ley. Pobre estúpido, aún no se habrá dado cuenta de que antes de aplicar la Ley hay diversos caminos que se pueden recorrer, pero en su estulticia causó más daños y problemas que de haber negociado. Esta es la talla intelectual de nuestros políticos, de nuestros dirigentes, de quienes se creen que mandar es ordenar, que dirigir es imponer, que liderar es empoderarse por sus “membríscalos” y no son conscientes de que la forma es la humildad, la dignidad, la asunción de responsabilidades, el demostrar que lo que dices te lo aplicas en primer lugar, que ser líder es servicio, reconocer las limitaciones, aceptar que el de enfrente vale y sabe tanto como tú, sentir al que sufre, encabezar la marcha por ser el primero, por ponerte los demás, por aceptar el ser el último.

Negociar es, sobre las reglas del juego, sin salirse del tablero, aceptando el marco de actuación, mover las fichas, utilizar la táctica y saber perder para, finalmente, ganar, escuchar al otro, hacerte fuerte con movimientos sólidos y dando siempre una salida digna al contrario, luchando leal y honradamente, hasta que se obtenga un acuerdo o se ponga de manifiesto que el otro se ha salido de las reglas del juego, ha perdido los nervios, ha perdido la jugada.

No tienen ni la más remota idea de lo que es negociar. Son, TODOS, demasiado poco humildes para reconocer su pequeñez, para ganar por haber perdido, para perder, para ganar.

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