Viernes, 15 de diciembre de 2017

Los salmantinos ya pueden ver la España del tebeo en una muestra singular en la biblioteca Torrente Ballester

Una magnífica retrospectiva para recorrer la historieta española desde el 1900 al 1970 de viñeta en viñeta

Los miércoles el cuentacuentos de la Biblioteca Municipal Torrente Ballester llena de voces y risas el habitual silencio acristalado de nuestra biblioteca de Garrido. Hay sonrisas que van en carrito y anticipo de sorpresas y hasta los más serios de los estudiosos, esos que ocupan las mesas y se inclinan ante sus ordenadores, levantan la vista y sonríen. Tengo una querencia antigua por las bibliotecas, pero es que esta, la mía, es un lugar privilegiado, primero por esta estructura abierta al barrio de cristal y cemento, y después, porque aparte de un fondo bibliográfico fantástico, tiene un personal lleno de luz y sabiduría que, comandados por Francisco Alonso Bringas, siempre está presto a la feria, a la actividad cultural, al encuentro, al café filosófico, al teatro, a la exposición…

Y es esta exposición preparada para la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión del 2015, la que nos ocupa en la sala primera de la biblioteca. Una propuesta magníficamente preparada que recorre la historia de nuestra España reciente a lo largo de las viñetas y los colores del que ha sido llamado el Noveno Arte. Una pequeña historia llena de objetos que nos recuerdan la infancia de nuestros abuelos y bisabuelos, juegos de niños de madera, de chapa, de papel, de celuloide… objetos cotidianos de una época sin pantallas ni imágenes en otro movimiento que no sea la viñeta colorida.

Cuentan que los primeros tebeos fueron la escritura egipcia, con sus textos e imágenes, con sus paredes escritas. El Tebeo español que se remonta al siglo XIX tiene como primeras representaciones este Cu-Cut del 1902 que nos devuelve páginas amarillentas, llenas de color en los años 30 con la influencia de los Estados Unidos y una promesa de progreso. Un progreso lastrado por la ideología que toma la historieta como un elemento de propaganda. Requetés y jóvenes comunistas asaltan las páginas y nos estremecen las portadas de Flechas y Pelayos o Roberto Alcazar y Pedrín.

Tiempos de diferencia de sexos, los niños con los niños y las niñas con las niñas… tiempos de posguerra en los que un tebeo es un objeto de lujo y el Cuto, niño rubito de las historias de Jesús Blasco, se muestra como un Tintín español, no en vano estamos en la época de la autarquía. Qué tiempos aquellos en los que la dictadura permite a los héroes una voz propia… El Capitán Trueno que cantaba Asfalto, El Jabato, los héroes de Bruguera, editorial que se inició bajo el nombre de “El gato negro”… el Guerrero del Antifaz… los primeros dibujos norteamericanos y sobre todo… los personajes que tanto decían sin decir de la revista TBO.

No hay nadie más deprimente y tremendista que Carpanta, no hay mayor denuncia que las familias del quiero y no puedo y los agentes enloquecidos de Ibáñez que mi hija lee con fruición maníaca porque no he logrado que prefiera a Zipi y Zape… a ella le va la pobreza descarnada del 13 rue del Percebe. ¿Hay algo más subversivo en el franquismo y más demandado que los tebeos? En ellos la historia de nuestro tiempo, la nuestra, se refleja con esa limpieza llena de risa de los niños y los viejos. No hay engaño ni artificio, solo las páginas consoladoras que todos buscábamos y ansiábamos.

Solo lo cotidiano, lo que aparentemente no tiene importancia y ahora buscamos, pagamos y exponemos. La historia visual de nuestro tiempo. La historia que nuestra biblioteca nos muestra para conocernos a nosotros mismos. No puedo por menos que salir admirada… no puedo por menos que desear una portada nueva, un kiosko abierto para comprar un comic, para recorrer, siempre atenta y sorprendida, un tebeo. Hasta el 31 de marzo, nuestra historia, la suya, lector… en la biblioteca de la que todos debemos enorgullecernos.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez