Martes, 12 de diciembre de 2017

Las ideas se cargan cuando están pensadas...

El principal reto al que se enfrenta un escritor es a que lo lean. La crisis de lectores es un drama en nuestra sociedad. Hace poco di a leer un artículo de un folio a un joven trabajador de 24 años y estudios elementales, y me dijo: “es muy largo para mí, hágame un resumen...” Dejando de lado los emoticonos, no escribo aquí lo que pensé... en ese momento. Pero la situación me ha dado que pensar.

Quiénes no leen difícilmente pueden desarrollar pensamiento propio, diferenciar la intoxicación de la realidad y tener espíritu crítico. En pocas palabras ser capaces de soportar la existencia que les espera. Una persona que lee vive dos veces.

La educación desempeña la función más decidida que puede pensarse en una sociedad que se pretenda moderna. En su calidad y cantidad estriba el estado y progreso tanto de las artes y de las ciencias, el desarrollo y aplicación de la tecnología, como el valor moral de las personas, en definitiva, de una nación.

Si miramos hacia la enseñanza universitaria a la que están expuestos hoy cientos de miles de estudiantes, vemos una enseñanza inspirada en un mal llamado progresismo, que se esfuerza por divorciar el conocimiento humanístico y filosófico de la investigación, presente en toda concepción humanista y artística. Parece que los que manejan los hilos de nuestro devenir son poco partidarios del pensamiento. Ya no se educa en valores, ni en cómo llegar hasta ellos.

Pronto ni Sócrates, ni Séneca, ni Descartes, ni Kant, ni Platón, ni Tomás Moro, ni Montesquieu, ni Marx, cada vez menos Cervantes y Chretien de Troyes, Dante y Goethe, Molière y Shakespeare serán una referencia válida en nuestro discurso moral, ni en el personal y, menos aun, en el colectivo. La tradición cultural occidental, entendida en todas sus variedades internas, como búsqueda incesante, por vía de la razón, de lo firme y lo duradero, debe de ser de nuevo reivindicada. Las ideas se cargan cuando están pensadas.

Decía Platón que cuantas más ideas tengas en un segundo, más perfecta podrá llegar a ser tu vida. Si sólo has visto una manzana en tu vida y la tienes que dibujar, te costará mucho hacerla perfecta. Para ello tendrías que haber visto millones.

Ernst Bloch en su obra “El Principio Esperanza” nos dice: “En sentido primario, el hombre que aspira a algo vive hacia el futuro, el pasado sólo viene después y el auténtico presente casi todavía no existe en absoluto. El futuro contiene lo temido o lo esperado; según la intención humana, es decir, sin frustración, sólo contiene lo que es esperanza”. La historia ni quita ni pone, está ahí y fue, los que la hicieron pasaron, nada tienen que ver sus problemas con los que nuestra sociedad actual tiene, como reto, dentro de un mundo supranacional, cada vez más entrelazado con vínculos económicos, políticos y sociales. No hay que olvidar  la historia, pero sí quitarle astillas y reflexionarla con rigurosidad desde el pasado, que no es en ningún momento el presente – en ocasiones manipulado -, para que nos ayude a enfrentarnos al futuro de forma constructiva y a pensar nuestras ideas. La motivación trascendente de la sociedad suele proporcionar una unidad cohesionada y motivada para hacer frente a los retos del presente.

Evitemos que las ideas y la historia se conviertan en leyenda, y ésta en mito que se vuelve en una fábula, que poco a poco es olvidada, porque de esta forma el ser humano, las personas, vuelven a cometer los mismos errores. Como decimos en Castilla no nos empeñemos en disparar con pólvora mojada.