Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Podemos y Donald Trump

Aunque parezca paradójico, algunos politólogos encuentran semejanzas entre la ascensión de Donald Trump en Estados Unidos y la de Podemos en España.

Se trata, en definitiva, de movimientos antisistema propiciados por gente desencantada de la política y de los políticos clásicos, de personas que ven empeorado su presente y comprometido su futuro y que, por eso, buscan presuntas soluciones populistas al margen de los procedimientos democráticos habituales.

En ese análisis, no valen ya los esquemas tradicionales de izquierda y de derecha, que situarían en espacios antagónicos a Pablo Iglesias y al magnate norteamericano. Precisamente, los dirigentes de Podemos se han encargado de enfatizar que el enfrentamiento hoy día no es de las “izquierdas” contra las “derechas”, sino de los de “abajo” contra los de “arriba”, en un movimiento transversal que se opone al orden establecido, justo lo que hacen los seguidores de Trump contra la estructura del Partido Republicano de EEUU.

No olvidemos que a Trump no le apoyan sólo ciudadanos ricos, sino sobre todo muchos blancos pobres que se sienten excluidos del sistema y hasta hispanos que ven amenazado su estatus a causa de los inmigrantes ilegales.

Este movimiento populista tiene manifestaciones contradictorias, todas con matices más o menos antidemocráticos. Sucede en Francia, con la ascensión de Marine Le Pen, pero también en el laborismo británico, que se ha echado en manos de Jeremy Corbyn, o de parte de los votantes demócratas norteamericanos, partidarios del izquierdista Bernie Sanders.

No es la primera vez en la historia que surge este tipo de movimientos. Algunos fueron realmente efímeros, como el poujadismo agrario francés, que movilizó millones de votantes hace sesenta años. Pero otros trajeron consecuencias trágicas, como los fascismos europeos de los años veinte del siglo pasado.

Por eso, este tipo de ideologías hay que analizarlas con cuidado y no despacharlas ni con una adhesión entusiasta ni con un arrogante desdén.

 Al tanto, pues.