Jueves, 14 de diciembre de 2017

La gratitud

Violeta Parra, en una memorable canción popular, creada por ella misma y que se ha hecho memorable, ya que hasta terminó interpretándola la conocida cantante folk norteamericana Joan Baez, daba gracias a la vida por todo lo que le había dado.

            Expresa en esa canción el sentimiento de gratitud que da a la vida por tener y poder usar los sentidos, esos sentidos a través de los cuales tenemos nuestras experiencias más hermosas del mundo y que son como agentes del alma, para acceder al conocimiento y a nuestra comprensión de la realidad y de los otros.

Pero, si viviéramos de modo consciente, tendríamos que estar dando gracias a la vida, sí, por tener sentidos, alma, corazón, razón, ánimo..., por tener afectos, por podernos expresar a través del lenguaje articulado, por tantas maravillas como están a nuestro alcance y nos pasan desapercibidas, debido a que vivimos la mayoría de las veces de modo inconsciente y trivial.

La gratitud. Qué gran importancia tiene y cómo, cuando se pone en práctica, tanto humaniza el mundo y a quienes vivimos en él. Pero, ¿la practicamos mucho, o más bien somos una sociedad de desagradecidos, una sociedad ingrata? Nos parece que más bien, hoy día, estamos en este segundo polo. Vivimos en una sociedad más bien ingrata, en un mundo de gentes por lo general desagradecidas.

Y, sin embargo, si practicáramos esta cortesía del espíritu y del alma que es la gratitud, cómo cambiaría el mundo en el que vivimos; a través de una herramienta que está a nuestro alcance, pero, eso sí, que requiere una gran altura de miras, una generosidad de ánimo, ya que, de lo contrario, no fluye jamás la gratitud.

Hay un refrán popular, para aludir a las actitudes ingratas del ser humano, que dice: “Lo olvidado, ni agradecido ni pagado”. Sí, cuántos gestos generosos y magnánimos que tienen los demás hacia nosotros quedan sin agradecer; por eso el mundo se vuelve más hosco y más sombrío; porque, debido a la ingratitud reinante, en vez de un cosmos, jardín o paraíso, estamos cultivando una selva, una jungla..., palabras estas últimas, con toda su carga simbólica, tan utilizadas hoy.

La gratitud y su importancia, y su valor decisivo como herramienta para humanizar el mundo, y para desterrar esa selva o jungla en la que vivimos. Violeta Parra lo sabía, de ahí que se decidiera a entonar ese canto de gracias a la vida, que pone a nuestro alcance tantas maravillas para que configuremos el existir de todos como cosmos, pero que, debido a nuestros comportamientos ingratos y tan egoístas, lo convertimos sistemáticamente en un continuo caos.

  • Violeta Parra