Lunes, 11 de diciembre de 2017

Pasión y Compasión

Cada una necesita de la otra para ser cabal. ¿Cómo vivir la Pasión si no se compadece con alguien? ¿Cómo sentir Compasión si no hay pasión en ese sentimiento?. La Pasión es compasiva y la Compasión es apasionada. Y a mi ojo de mal cubero la compasión, tan humana, es cuatro veces más honda y más difícil que la pasión, a veces tan fácil y primitiva.

Dicho esto y a la vista de la Pasión que viene, se me van y se me vienen sentimientos encontrados.

Sea bienvenida la Pasión, revivida en tantos actos, encuentros, pasos y celebraciones,                                                                     pero, ¿los que andamos en esas cosas ¿pondremos nuestra com-pasión a la altura de lo que paseamos y celebramos? Porque si es que no, ¿a qué viene o va todo esto? Es un error ya clásico mirar a una imagen y no fijarse en el prójimo, mirar a Dios y no ver a los demás, invocar al Señor y no sentirnos convocados por las cosas del prójimo, que por cierto es hermano nuestro y a veces parece que se nos pasa por alto o por bajo. Que la pasión sale a flor de piel y la compasión es honda y grave y sale del corazón inteligente.

Y aludiendo sólo a lo más próximo estamos ya metidos en liturgias y procesiones. Y habrá que poner cuidado en qué y en quién ponemos la mirada, el énfasis y el corazón. Incluso hasta los títulos lo declaran: desde Jesús Despojado a La Soledad, desde la Dolorosa al Rescatado y así prácticamente todos, incluido el Día del Amor fraterno (¡qué título más exigente!) o Día de Pascua…

Qué nombre, el del Despojado, para apasionarse con el dolor de todos los despojados de la tierra y recorrer y/o pasear su figura con temblor y compasión. O el Cristo del Perdón, ¡qué referencia en estos tiempos de tanta lapidación y de tan fácil desprecio!

Y no digamos la Luz y la Sabiduría que serán paseados en sus pasos por la Hermandad Universitaria. ¡Qué lección para ver más y saber mejor en las calles que bordean nuestras dos Universidades! Y cuánta luz inteligente y cuánto buen saber necesitaríamos hoy todos, pero de modo especial y casi clamoroso, nuestros dirigentes y gobernantes a cualquier nivel que se aluda.

Y con Jesús Flagelado y la Señora de las Lágrimas que nos mostrará su Hermandad deberíamos sentirnos tocados por cuantos se ven hoy flagelados y golpeados y, a la vez, ver y evitar las lágrimas de toda mujer mal tratada y mal amada y mal contratada. Una Hermandad ésta con una carta, en la mano, de plena actualidad y de mucho dolor.

Sin olvidar a la Señora de la Soledad ni al He aquí el hombre del Flagelado ni al Nazareno con su cruz a cuestas ni al Rescatado con sus manos atadas. Representan a todos los que dejaron su tierra y su casa y huyen en soledad y desamparo hacia otros lugares, a los azotados por el hambre o flagelados por la guerra o derrotados por ambas a la vez; ahí están cuantos, a millones, hoy necesitan rescate y recuperación y compasión y apasionamiento amoroso y caridad ardiente y justicia entera para poder recuperar su vida y su sentido. El mundo es hoy una larga calle llena de pasos y pasiones. Que la mirada y la marcha y los ritos y el desfile no nos separen jamás de lo que pasa en la vida, en la calle y en el mundo. A mucha Pasión representada, mucha compasión ejercida y acordada.

Y así cada día, en cualquier procesión, en cada Eucaristía y en la Vigilia Pascual, por supuesto. Ay, si todo esto se nos queda en los cuatro pasos consabidos y luego todos, sociedad, cristianos y comunidades a casa otra vez y aquí no ha pasado nada por muchos pasos que pasen o muchas aleluyas que cantemos.

Nos hace falta recordar el viejo grito de Madre Coraje: Cristianos, arriba, que es primavera… invitando a caminar. Pues eso, tras los Pasos viene la Pascua, el Gran Paso, y abre un camino de gloria entre la Pasión y la Compasión. Que no nos falte ninguna de las dos.