Jueves, 14 de diciembre de 2017

Mucho más que faldas y pitillos

Cinco hijos, una sementera, un colmado, un ....muchas horas y horas de trabajo.

Día de la mujer trabajadora, ¿alguna vez no lo fue?. 

Decía una pluma femenina afilada y crítica con el feminismo machista que todos los -ismos encierran algo negativo. Huía de unas coordenadas que quieren imponer las luchadoras sin límites ni objetivos, cuya única consecución es la contrapartida a su -ismo.

¿Saben? Durante toda mi vida he visto trabajar sin descanso a mi madre, de igual forma ví  a mi padre, en una familia en la que nos repartíamos casi igual sexo masculino y femenino la igualdad de realización de tareas era generalizada, quizás se libraba un poco el pequeño: yo. Pero siempre con los objetivos de respeto a los demás muy claros.

Este ciclo de vida ya consumida y disfrutada desde unos parámetros determinados, hace que cuando veo determinadas actitudes en las que se juzga a un sexo sin distinción me sienta agredido. Probablemente yo esté confundido, lo he estado muchas veces a lo largo de este camino, pero la lucha, no era por la igualdad de trato social, económico,...?Porque lo de igualar sexo está complicado, para bien o para mal.

La valoración laboral, social, económica, sentimental, etc, ha de ir mucho más allá de mujer/hombre.

El que pega, hiere de cualquiera de las formas o mata es un asesino o en potencia o confeso y me da igual que sea de sexo femenino o masculino. Si cualquier ejemplar humano abusa de otro por tener más fuerza ya sea física o social, ¿hay diferencia en el daño de ser un sexo u otro?

Mi planteamiento, quizás estúpido, incoherente, gravoso...para algunos lectores sería tan fácil como: RESPETAR. Respetar la formación, la ideología, la religión, el color de nuestra piel , nuestra vestimenta o con quién utilizamos nuestro sexo.  Respetar siempre , no dependiendo en qué lado rememos y a qué lado del río navegamos. Olvidarnos del sexo, excepto para disfrutar, y centrarnos en la persona, el individuo, el ser que camina a nuestro lado o en la acera de enfrente.

Como decía esta pluma afilada y yo suscribo, ¿nos hace diferentes nuestra forma de vestir? Mi contestación es no. Los escoceses llevan falda y las escocesas pantalones, hace algunos años Miguel Bosé familiarizó la falda en los hombres lejos de la cultura anglosajona, hace mucho más la mujer colocó en su armario el pantalón como prenda habitual de su vida.

Si la línea seguida es mujeres u hombres nos olvidamos del colectivo gay, faldas o pantalones dejamos aparcadas las Bermudas, bragas o slips, ocupan menos los tanga... y así podríamos enumerar cientos de diatribas entupidas que aumentan una diferencia que no va más allá de la forma de apuntar a la taza del water.