Lunes, 18 de diciembre de 2017

Echarle una mano a Dios

En Brasil una comisión de científicos se acercó a dos indios de una tribu recién “descubierta” (gracias a las nuevas carreteras).

Entre otras cosas les preguntaron:

¿Rezan a Dios?

—Sin duda, le rezamos a Dios.

—¿Y qué le piden a Dios?

—¿Qué le vamos a pedir, si Dios nos da todo?

—Entonces ¿para qué le rezan a Dios?

—Para agradecerle precisamente todo lo que Él nos da (R. Lombardi).

Por eso quien ha descubierto la sabiduría de la cruz, le agradece a Dios todo: ¡la cruz y el amor.

Papini, el gran convertido al catolicismo, sigue viendo en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra. “Bajo esa Cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma… y que todos lo Judas no han podido desarraigar”.

La cruz es sinónimo de cualquier clase de sufrimiento, dolor, bien del cuerpo como del alma: enfermedades, soledades, injusticias, muertes…

¿Por qué la cruz, de dónde viene el mal? El sufrimiento nos viene de la misma naturaleza, por las leyes físicas o de nuestros pecados: envidia, avaricia, lujuria…

La cruz del deber es otra de tantas encontradas en nuestro camino. En la obra “Becket o el honor de Dios”, de Anouilh, hay una escena en la que el Rey de Inglaterra acusa a Tomás Becket de no amar nada. Becket responde al Rey: “Yo amo una sola cosa, mi príncipe. Y de ello estoy seguro: hacer bien lo que tengo que hacer”.

Otra cruz es la de pasar desapercibido, los otros no nos toman en cuenta nos desprecian. Cuentan de un estudiante que atravesaba la Capilla Sixtina del Vaticano y lo hacía totalmente indiferente a la belleza y a la creación artística de Miguel Ángel. Alguien le advirtió que, por favor, pusiera más interés y se fijara en la perfección de todo el conjunto, en aquel detalle… Mas el estudiante espetó despectivamente: “¡Es que soy de ciencias!”.

Si somos seguidores de Jesús, no ha de faltarnos la cruz. Cada persona tiene una forma de llevarla. San Juan de la Cruz, que supo de cruces y desprecios, que buscó el padecer y ser despreciado, también conoció la cruz a secas, la saboreó y la abrazó. Cuenta su biógrafo, fray Alonso de la Madre de Dios, que “orando ante una imagen de pincel muy lastimosa de Cristo nuestro Señor con la cruz a cuestas le habló el mismo Señor por medio de la imagen y le dijo: ‘Fray Juan, ¿qué quieres te conceda por lo que por mí has hecho?’ A lo cual respondió: ‘Señor, concededme que padezca yo trabajos y sea menospreciado por vos”. 

Eusebio Gómez Navarro, OCD