Lunes, 18 de diciembre de 2017

El tiempo trae las rosas

4/marzo/viernes

Pedro Sánchez fracasa de nuevo en la segunda votación de investidura. Casi el mismo resultado. En lugar de la abstención obtuvo un voto más: 131. ¡Menuda parchada!, que se dice en mi pueblo. Vuelta a empezar. Nadie apuesta por nadie. Vamos camino de otras elecciones, que nadie quiere. ¿Por qué, es tan grave? Yo no lo veo. Que la gente vuelva a decir lo que piensa visto lo visto.

     Nieva en las montañas. Regresa el frío. Cielo indefinido. Y la ciudad mortecina. Voy con mi coche por el paseo Zorrilla, lentamente. Me molesta la prisa. El ambiente es medio oscuro en pleno día. Embetunado. Escucho a George Benson, jazz ligero, limpio, envolvente. Como si fuera noche tranquila. No sé si pega a esta hora esa música, pero es lo primero que he encontrado en la guantera. Pero me gusta. Lo dejo. Voy al Concreto. Allí me espera Isidro Navas y Jerónimo Rando. Comenos juntos. Croquetas de queso con espinacas y rabo de toro. También nos acompaña Rodrigo Olías. Conversación paralela con un tinto de Toro. “El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte con los amigos”. George Brassens.

    La vida es una continua sucesión de hechos. Buenos algunos, malos otros. La vida es un constante trabajo para despejar los problemas, para derrumbar muros, para abrirse paso entre la maleza. Hablamos de la vida. Y nos reímos de ella porque sabemos que no estamos solos. La mayor indecencia que puede traernos la vida es la soledad, que es la consecuencia de la insolidaridad, de la falta de amigos, de no tener con quien charlar, con quien mantener una conversación, o intercambiar una sonrisa, o un abrazo, una confidencia. Por eso nosotros nos reímos abiertamente.

  

    5/marzo/sábado

   Por la noche veo “ Pan y rosas”, una película de Ken Loach. Trata de sobre la inmigración sudamericana a Estados Unidos, más expresamente mexicana. Terrible trato. ¡Qué dura es la vida del que tiene que abandonar el propio país para ganarse la vida! El tema lo enlazo con la  emigración siria, que está a todas las horas en los informativos de televisión. ¡Pobre gente! Un desastre de proporciones dantescas. Se ven en televisión imágenes insoportables. Niños, mujeres, personas mayores en condiciones invernales, de frío, hambre, sed y enfermedad. La opulenta Europa mira de soslayo la realidad. Le molesta, porque los pobres siempre han molestado. Que nadie toque nuestro nivel de vida, que nadie nos moleste. ¡Bastante lo ha hecho ya!, se piensa en casi todos los países de la Unión Europea. La España que emigraba con la maleta de madera en los sesenta del siglo pasado hace lo justito, que nosotros no estamos para tirarlo. ¡Qué mundo! A uno no le queda más remedio que sentirse mal, que descalificar a la condición humana, la mía. Esto sigue igual que cuando Joshua Logan dirigió “La leyenda de la ciudad sin nombre”, 1969. Al final de la película Lee Marvin, uno de los  protagonistas, (otro, Clint Eastwood) dice “Hay dos tipos de gentes: las que van a alguna parte y las que no saben a donde van”. Siempre se me quedó esta frase en la cabeza, como enseñanza. La película aborda las peripecias de unos colonos se convierten en buscadores de oro. Viene a ser un apunte de una historia interminable: la de gentes que van y vienen, que buscan cómo vivir, cómo ganarse la vida, en cualquier lugar del mundo. Nada cambia. La historia, las historias, se repiten, una y otra vez, en todas las fronteras; países ricos, países pobres, países en paz, países en guerra.

 

6/marzo/domingo

   “La pequeñez humana es indescriptible; es absolutamente indiferente que el hombre piense o no piense, que crea o no crea”. Josep Pla. “El cuaderno gris”. Como para animarse.

     Termino el libro del argentino Carlos Salem “Memorias circulares del hombre-peonza”. El comienzo en muy sugerente: “Siempre llego demasiado temprano, o demasiado tarde, adonde ya nadie me espera”. Es lo bueno de la literatura: los caminos son inmensos y heterogéneos. Carlos Serem es un  novelista y poeta que escribe versos donde mezcla lo rompedor y lo abrupto con lo clásico. Por eso me sorprende. Es original, engarza saberes antiguos con modernos; es un artista. “Hablar con los espejos/y no estar /casi nunca/de acuerdo con ellos”. “Cuando me hice trotsquista/los estalinistas eran malos/cuando robaba coches/los policías eran malos/ahora que publico novelas/los cabrones/que venden millones de ejemplares/son los malos”. Uno de sus poemas lo he calificado de “muy bueno” con mi lápiz, con el que suelo subrayar lo que me llama la atención de los libros. Se titula “De otro mono”. Y dicen así algunos versos: “Me niego/con rabia de primate/ a descender del mismo simio del que viene Berlusconi/ y entre el gorila que fue abuelo de Bush/ y mi abuelo carpintero/hay un montón de pelos/de distancia”. Carlos Salem “nació en Buenos Aires, se crió en la Patagonia y termina de malcriarse en Madrid desde hace vidas”. Su vida, como todas, es redonda; “porque todo da vueltas, todo vuelve al mismo sitio, al lugar donde empieza el final”, dice en el prólogo Vicente Llorente.

   Sin duda leer te permite vivir varias vidas sin salir de casa. Una idea redonda. Y eso se agradece mucho, sobre todo cuando afuera hace frío y sopla el viento del noroeste. El problema para mi es sentir la desnudez del alma cuando al leer descubro mi ignorancia. La desesperación me alcanza del todo cuando entro en una librería y veo libros y más libros, de los cuáles nada sé. Sensación de rabia siento cuando muere un sabio, o un erudito. ¡Cuánto se pierde con esas muertes! ¡Qué vacías se quedan las calles!      

 

7/marzo/lunes

   Los días de la semana son virtuales: no existen. Aunque hoy sea lunes. Porque el tiempo no existe. Somos nosotros los que gustamos de acotar, de poner paredes y nombres al paso de los segundos, de los minutos. Necesitamos encasillar el tiempo, lo que llamamos tiempo, para ordenarnos, para organizarnos, para hacernos entender. Pero ninguno de nuestros sentidos percibe el tiempo. Aunque lo veamos sobre la piel arrugada y marchita, o los ojos cansados, o la salud quebrada. Pero eso no es el tiempo, es el paso del tiempo, que es distinto. En la niñez y en la juventud el tiempo ni siquiera pretendemos detenerlo; ni lo apreciamos, ni lo miramos, ni es motivo de conversación. Sólo después, el tiempo mismo nos lleva a situarlo en las humildes hojas de los calendarios. Hasta que un día ya no queda tiempo porque el tiempo se ha ido para esconderse en los cementerios. Le he escuchado a mi amigo Miguel Caldero: “El tiempo le dijo al tiempo que le diera un desengaño, y el tiempo le dijo al tiempo, yo soy tiempo y no te engaño”. No sé. Nada entiendo. Pero estoy de acuerdo.

   Hace unos meses compré en una librería de viejo del Barrio de las Letras de Madrid un ejemplar titulado “El Tiempo y los espacios de tiempo en los refranes”. Un libro de esos que da gusto tener entre las manos, de los que aún hay que cortarles las hojas pegadas, escrito y recopilado por Luis Martínez Kleiser, de la Real Academia Española. La edición es de 1945 y recoge 3500 sentencias clasificadas y comentadas: el tiempo, los días y las noches, el sol y la luna, las estaciones, los años, los meses, las semanas, los días y las horas…,una maravilla que me hace pensar que no tengo razón: que el tiempo existe.

   Es lunes, y lo he llenado de conversaciones de trabajo, de presentes y de futuros: de tiempo, en definitiva. Por la tarde saco a Rumbo a pasear. Me mira con ojos listos, despiertos, de cachorro entusiasmado, ilusionados por salir al campo a correr, a llenarse de tiempo. Mientras esperamos a la primavera, ya próxima, para que nos traiga otro tiempo, ese que llena los árboles de hojas verdes y los campos de amapolas. El tiempo existe y está lleno de colores. Y de enseñanzas: “más largo es el tiempo que la fortuna”, “por el tiempo no tengas afán, que tantos días vienen como se van” , “el tiempo trae las rosas”, “el tiempo es una lima sorda” o “el tiempo aclara las cosas y el tiempo las obscurece”. Pues eso.   

 

     Quienes se toman el tiempo con tranquilidad, como humo de paja, son nuestros políticos. Sin prisa, sin agobio, ven pasar los días y las semanas incapaces de llegar a un acuerdo para formar gobierno. No hay manera: los vetos de unos contra otros, cruzados y en círculo, hacen imposible un acuerdo. ¿Por qué nuestras leyes son tan lentas? En Grecia en un mes ya estaban de nuevo en faena, en elecciones. Aquí lo provisional se está asentando: los adversarios, y enemigos, de Rajoy no lo quieren ni ver. Pero están tragándose dos tazas. Y la que te rondaré.

 

    10/marzo/jueves

    Asisto a un curso de sumilleres profesionales de la Escuela Internacional de Cocina de Valladolid. El culto al vino se ha convertido en una liturgia que por el camino que va llegará a ser una religión pagana. En la Biblia el vino y la vid está presente en múltiples pasajes. Unas veces para bien y otras para mal. Para bien como alimento y alegría del alma, y para mal cuando se bebe en exceso y el cuerpo se emborracha. Desde Noé a las bodas de Canaan el vino como argumento. Otras religiones, no sólo la judía y la cristiana, alaban el vino, mientras otras huyen de él, como la islámica. Cierto es que ahora se hacen vinos sin alcohol, distintos al mosto, el fruto de la uva sin fermentar. Son cosas de la modernidad, y de los avances en los procesos químicos. Yo prefiero el vino con alcohol, y beber de forma que no me pasé lo de Noé. Cervantes, al que hay que citar muchas veces este año, el de los 400 de su muerte, lo dejó dicho como nadie: “sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”.

    Ahora el conocimiento del vino, además de los enólogos, lo tienen los sumilleres. Es una profesión joven, procedente de la dulce Francia, pero que está introducida en todo el mundo. Saber del vino exige tiempo, experiencia y entrega. El olor y el sabor, que se captan en la nariz y en las papilas gustativas, exige de la memoria. Un buen un sumiller tiene miles de registros en su cerebro, de vinos y añadas, de tipos de uva y de otros conocimientos, para después acertar y aconsejar bien a los clientes de los restaurantes. Una excelente comida sin un vino apropiado carece de alma.

     La sofisticación de la vida llega a todos los rincones.¡ Cómo no al vino, que está en todos los altares, que supone una liturgia en sí mismo, desde Dioniso a Baco, desde la viña a la bodega, de la cuba a la botella, desde el decantador a la copa! Frases, y citas, del vino hay infinidad porque la religión y la literatura van siempre juntas. Por eso nunca ha faltado un escritor para dar su opinión sobre el vino. “Hay más filosofía y sabiduría en una botella de vino que en todos los libros”. Louis Pasteur.

   Hace frío y la nieve sigue cayendo en todas las montañas que rodean Castilla y León. Pero el sábado, dicen los hombres y las mujeres del tiempo, lucirá el sol. Perfecto. San Juan de Ortega me espera junto con  mis Hermanos de Caminantes. Desde allí a Burgos. Atapuerca por medio. El principio, mucho antes de la prehistoria. El Homo antecessor. Pero sobre todo aire, libre y peregrino. Y al fondo la catedral. Majestuosa. ¡Qué cosas ha hecho el hombre!