Lunes, 11 de diciembre de 2017

Pilar Magadán: un alma salmantina en una mente gallega

Una mujer singular, cuyo deceso la encontró con las manos en la masa de lo que siempre fue su dedicación preferida: la música popular tradicional de Salamanca
Pilar Magadán y José Ramón Cid Cebrián

Creo que esta expresión describe con aproximación el estilo, la dimensión y el contenido de los afanes que ocuparon buena parte de la actividad musical de esta mujer singular, cuyo deceso la encontró con las manos en la masa de lo que siempre fue su dedicación preferida: la música popular tradicional de Salamanca. Una de las últimas veces que atendí su llamada telefónica (pues la última fue la que yo le hice hace unas tres semanas, interesándome por su salud, ya muy delicada) fue para ayudarle a aclarar  alguna duda que le planteaba la colaboración escrita que preparaba para la revista Pasión en Salamanca del presente año, que ha aparecido casi coincidiendo con el día de su fallecimiento. Allí estará su artículo, estoy seguro, pues ella era cumplidora de su palabra con rigor y fidelidad. Aquella duda tenía relación con el contenido, y me comentaba por entonces, hace poco más de un año, que quería dejar su trabajo redactado y entregado cuanto antes: “Porque ya soy muy mayor, Miguel, y en cualquier momento me puede llegar algún fallo de este cuerpo que habito ya hace tantos años”. 

El artículo del pasado año, que tengo ahora a la vista (página 44 de la revista), lleva por título Pasión en Salamanca (Desde sus cancioneros populares tradicionales) (V). Y releyéndolo ahora veo que allí aparecen no pocas de las referencias que hacen alusión a lo que fue su siempre ilusionada tarea: ayudar a descubrir y a recordar a los salmantinos los tesoros musicales que la tradición popular conservó casi hasta hoy: los que contienen los dos cancioneros recogidos de la tradición popular viva por Dámaso Ledesma Hernández y Aníbal Sánchez Fraile, uno y otro músicos catedralicios que ejercieron casi toda su vida profesional en la Catedral de Salamanca. Y también los que ella misma logró seguir reuniendo, como resultado de minuciosas y pacientes búsquedas entre las últimas cantoras y músicos de la tradición salmantina. Muchos de aquellos intentos divulgativos, que necesitan cierta preparación para su lectura, ya aparecen en su primera publicación, Notas sobre la canción popular Salmantina, en la que recogió escritos ya publicados anteriormente en el diario El Adelanto.

Al segundo de los maestros, Don Aníbal, cuya foto aparece en el centro de la página del escrito, Pilar le tenía verdadera devoción. Aparte de las lecciones musicales que recibiera de él, Pilar tuvo también el honor de ejercer como intérprete solista, acompañada por el Maestro y realzada por los magistrales acompañamientos pianísticos que él llevó a su cancionero salmantino, en numerosas ocasiones en que la canción popular salmantina tenía que ilustrar en lo musical, con toda su belleza melódica, generadora de singulares armonías, algún acto relacionado con la cultura. No es de extrañar que la sensibilidad de la cantora (de nacencia y temperamento gallego, no se olvide) quedara marcada para siempre por aquellas interpretaciones, que sin duda le ayudaron a profundizar en los rasgos musicales que definen la tradición musical de Salamanca.     

            En cuanto al maestro mirobrigense Dámaso Ledesma, cuyo Cancionero Salmantino, publicado en 1907, era otro de los fondos de música popular salmantina que ella tenía casi memorizados, le cupo la suerte de ser impulsora y mediadora de la edición de un segundo tomo de canciones que el maestro mirobrigense dejó recopiladas, pero inéditas. En la adquisición por parte de la Biblioteca Nacional, del legado musical del Maestro (todas sus obras y todas sus composiciones inéditas), fue Pilar la mediadora necesaria que, después de haber ordenado íntegramente aquel archivo, pudo dar fe de su autenticidad e integridad ante el especialista en la adquisición de nuevos fondos documentales. Suerte a la que se unió la de ser también impulsora de la edición del  Cancionero de Dámaso Ledesma, Segunda Parte, desde el Centro de Estudios Mirobrigenses, de cuya Junta Directiva formaba parte. En esta publicación también fue ella la encargada de la edición y la redactora de un estudio en el que reconstruye la vida y obra del Maestro.

A estas actividades musicales hay que añadir otra, para ella tanto y más importante: la de ser intérprete de un bloque de canciones que figuran entre las más selectas y representativas de la tradición salmantina. Para llevar a cabo este proyecto Pilar logró reunir un conjunto coral formado por 25 cantoras de voces bien timbradas y oído finísimo, que llevó el nombre Voces Blancas Salmantinas. Con ellas como intérpretes, y acompañadas (¡y esto es lo sorprendente!) por algunos de los tamborileros más renombrados, logró grabar una antología de cinco discos LP, en la que recoge lo más bello, representativo, y en algunos casos ya muy conocido, de la tradición musical popular salmantina contenida en los dos cancioneros. Afortunadamente la reedición de estos discos en formato CD, patrocinada por Caja Duero en 2002, volvió a poner a disposición de los salmantinos esta inestimable colección antológica que bien se podría titular Lo mejor del folklore salmantino.  

Y para terminar, aunque esto no figurara desde hacía largo tiempo entre sus ocupaciones, no se puede hacer una referencia mínimamente completa a Pilar sin citar uno de sus ‘inventos’ más originales: la creación de la Escuela de Tamborileros de la Diputación de Salamanca. Consciente, ella, de que otro de los repertorios musicales de mayor hondura, belleza musical y valor documental de la tradición salmantina era el de los tamborileros, y viendo en peligro su desaparición en un momento en que ya comenzaba a debilitarse, logró lo que parecía imposible: comprometer a algunos de los más renombrados para ser enseñantes de nuevos alumnos, retribuidos por su tarea con un estipendio acordado con la diputación Provincial. Pero además, quedándose ella al frente únicamente como mediadora, impulsora, animadora y en parte enseñante, en la parte del fundamento musical en que podía y debía apoyarse una enseñanza que solo se venía transmitiendo por tradición visual y oral. Los nombres de todos ellos, algunos ya fallecidos, están en la memoria de todos. Dejo el complemento de esta breve cita al cuidado del mirobrigense José Ramón Cid Cebrián, su discípulo predilecto y más aprovechado, continuador de esta labor en la Escuela de Música de Ciudad Rodrigo. Del cómo y por qué cesó esta actividad de la Escuela, siendo poco a poco sustituida por lo que, con mayor empaque, pero quizá con menor latido musical, a pesar de muy cualificadas publicaciones, vino a ser el biensonante Centro de Cultura Tradicional, Pilar nunca quiso hablar muy claro. Se adivinaba que podía decir algo que quizás comprometiera el nombre de algunas personas, y siempre guardó para sí misma los detalles de algo que le dolió mucho y prefería olvidar.

            Me he sentido obligado por el deceso de Pilar Magadán a redactar este urgente texto, que en su día espero pueda ser ampliado por algunas de las personas que más cerca estuvimos de su labor. Pues no entendería yo que a ella le faltaran, no las breves notas de prensa que sin duda irán apareciendo, sino un amplio trabajo en el que quede reflejada la infatigable e inmensa labor que esta mujer llevó a cabo en el campo de la música popular de tradición oral de Salamanca.

 

MIGUEL MANZANO ALONSO

Etnomusicólogo

 

  • Magadán en un recital