Martes, 12 de diciembre de 2017

La mentira

El mentiroso tiene tanta fantasía que no tiene necesidad de que las cosas sean ciertas para explicarlas. Para el mentiroso sistemático tener imaginación es un derecho pero pretender que los demás sean crédulos es un abuso a la inteligencia.

El idiota suele ser inteligente, pero con frecuencia manda a la inteligencia de vacaciones, y parece que en España se nos toma con demasiada frecuencia por ser un pueblo que está de vacaciones. Es cierto que cuando los individuos se aglomeran, su nivel mental es tanto más bajo cuanto mayor es su número. Quizá este haya sido uno de los síntomas que ha hecho posible el contagio a un gran número de personajes políticos, que se engañaban teniendo ideas propias pero no las tenían.

En esta incipiente campaña electoral se airean al viento mil y una reformas a cambio finalmente de nada, pues a los cambios se les llaman reformas si los poderosos están de acuerdo. Reforma es un término orwelliano que se usa para los cambios a los que se supone hay que dar apoyo. Las tan manidas reformas de la constitución, educativas, de seguridad ciudadana, etc., deberían valorarse según sus propios términos, pero no a partir de la presuposición de que por el hecho de llamarse reformas son necesariamente positivas. La mayoría, como demuestra la historia reciente, son bastante destructivas.

Algunos partidos nos han acostumbrado desde diciembre al mantra de váyase Sr. tal..., algunos programas de televisión del corazón, concursos, etc., a otros tipos de váyase o quédese... Goebbels estaba convencido de que siempre era mayor reforzar los prejuicios del espectador que tratar de cambiar su opinión. En las ocasiones en que se hacía necesario esto último, su técnica consistía en moverse “como un convoy: siempre a la velocidad del buque más lento”, y repetir una y otra vez, de modos sutilmente distintos, el mensaje que se quería transmitir para conseguir sus fines. En lenguaje coloquial el chisme es en el pueblo la única forma de transmisión de noticias, y todos se ocupan de no ser sus víctimas aunque no les moleste ser victimarios o cómplices.

La memoria es muchas veces demasiado parcial e injusta, cuando juzga los hechos, tomando como únicos aquellos datos que avalan la conclusión a la que había decidido llegar. No deberíamos olvidarnos tan fácilmente de lo que alguna vez pensaron, hicieron y actuaron otros para con nosotros.