Jueves, 14 de diciembre de 2017

Dietrich Bonhoeffer

De poeta a poeta. Bonhoeffer, teólogo asesinado por los Nazis, en prisión escribió un buen manojo de poemas. Alencart le envía su saludo y las muestras de plena admiración en un poema que aparece en el nº 9 de 'Sembradoras', cuyo retrato de portada es obra de Miguel Elías

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DIETRICH BONHOEFFER

 

La muerte no importa

si resplandece el Amor supremo,

la encarnación de toda

esperanza.

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No es necesario cantar victoria

cuando desborda el

ejemplo,

 

y se clama contra lo podrido

y la hipocresía, contra

la feroz amnesia o el desdén

de los infaltables fariseos.

 

Gira y gira la fe sin desnucarse,

asistiendo a los de abajo,

a los que sobra llanto.

 

En vida y en muerte

recibe el aguijón de los fanáticos,

de los que nunca hacen nada

por el otro.

 

Pero él ya vive el día futuro,

soportándolo todo al vislumbrar

la Flor de la Nochebuena.

 

El ahorcado roza sus pétalos

y se instala en el desolvido,

en un orbe nuevo,

 

junto al Galileo intacto.

 

TRES PERLAS DE D. B.

(Agrego tres pensamientos del teólogo, los cuales están como pórtico del número 9 de ‘Sembradoras’, revista cultural evangélica que se edita en Salamanca y que acaba de dedicarle un recuerdo y homenaje)

[Img #579485]“¿Qué iglesia es esa que sólo abre la boca para defender a los miembros de su propia comunidad y no dice una palabra sobre la caza del hombre que simultáneamente está teniendo lugar fuera? (...) La Iglesia sólo puede defender su propio espacio luchando no por ella, sino por el mundo, de lo contrario se convierte en una “sociedad religiosa” que lucha sólo por su propia causa, dejando de ser por eso la Iglesia de Dios en el mundo (…) sólo se aprende a creer (seguir a Jesús) estando del todo a este lado de la vida”.

 

 “(…) la miseria, el sufrimiento, la pobreza, la soledad, el desamparo y la culpa tienen un significado muy diferente ante los ojos de Dios… ¿Dónde radica la diferencia? En que Dios se vuelve precisamente hacia el lugar de donde acostumbra apartarse el hombre".

 

“La vida de un cristiano tiene que pertenecer a la iglesia y a la miseria que le rodea (…) al principio, la teología me había parecido una ocupación académica (…) creo tener la certeza de que, para llegar de verdad a tener las cosas claras interiormente y ser sincero, no me queda otra cosa que empezar a tomarme en serio el Sermón del Monte (…) hay algo por lo que merece la pena comprometerse por completo y creo que la justicia social y la paz o, por decirlo en propiedad, Cristo, es ese algo”.