Sábado, 16 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

De regreso de Canadá tras una inolvidable experiencia educativa

La alumna del IES Tierra de Ciudad Rodrigo Claudia Risueño ha pasado casi mes y medio en Canadá

[Img #579368]Hace unos días se reincorporó a sus clases habituales en el IES Tierra de Ciudad Rodrigo Claudia Risueño, alumna de 3º de la ESO que ha tenido la oportunidad de vivir una experiencia educativa diferente para arrancar el 2016.

Claudia Risueño ha participado en un Programa de Intercambio que promueven la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León y la Education Internationale de Quebec (Canadá), por el cual cada año una serie de alumnos de cada país cruzan el Atlántico para estar varias semanas en un continente diferente.

Dentro del intercambio del que ha formado parte la alumna del IES Tierra, durante los meses de septiembre y octubre estuvo en Ciudad Rodrigo Samya Dion, una joven de Lac-Beauport (en Quebec). En ese tiempo de estancia en la ciudad, Samya Dion fue a clase al IES Tierra junto a Claudia Risueño, viviendo en su casa.

Tal y como estaba previsto, en el mes de enero fue el momento de desarrollar la otra parte del intercambio, por el cual Claudia Risueño ha estado cerca de mes y medio en Canadá, yendo a clase y viviendo con Samya Dion. En tierras canadienses, la alumna mirobrigense ha tenido un ritmo de clases ligeramente diferente al que se vive en tierras españolas.

Según explica Claudia Risueño, el día empieza más o menos a la misma hora, aunque allí pasaba a recogerlas por casa “el típico bus escolar amarillo” para llevarlas al centro educativo, donde las clases empezaban a las 9. A diferencia del ritmo español, con 6 clases de 50 minutos, allí hay 4 clases al día de una hora y cuarto, con dos clases por la mañana y otras dos por la tarde.

[Img #579369]Entre las clases de la mañana y las de la tarde, hay un descanso de unos 15 minutos, que los alumnos deben aprovechar para acudir a sus taquillas a recoger lo necesario para la siguiente clase, ya que no se puede ir con toda la mochila de aula en aula, sino únicamente con los libros y cuadernos necesarios. Además, como indica Claudia Risueño, allí “los profesores no van a tu clase, sino que tú vas a la clase del profesor”.

Entre el bloque de la mañana y la tarde, sobre las 12.00 horas, los alumnos comen en los centros, llevándose el tupper o en la cafetería. Después de comer, tenían las otras dos clases, para concluir sobre las 16.15 horas y volver a casa en el autobús.

Del ámbito educativo, hay que destacar dos aspectos que han llamado especialmente la atención a Claudia Risueño. Por un lado, en lo referente a las clases en general, el formato es diferente. La primera media de hora es de explicación, de teoría, mientras que el resto de la sesión es muy práctica: “trabajos en grupo, o hacer un trabajo para exponerlo”, llevándose la palma la asignatura de Biología, donde “hacían su propio yogur, o diseccionaban un corazón”.

Por otro lado, se ha quedado “flipando” con las clases de español e inglés, “porque cuando entras en esas clases tienes que hablarlo obligatoriamente”, lo que hace que los jóvenes canadienses “dominen bastante el español, aunque no saben mucho vocabulario”.

En relación con el idioma, la madre de la joven que la ha acogido en su casa también hablaba un poco de español. Respecto a la familia, “han sido muy agradables conmigo, estando muy pendientes de mí”.

El viaje a Canadá le ha permitido conocer un ambiente totalmente diferente, rodeado de un manto blanco: “aquí no nieva nunca, y allí, ves que está nevando todos los días; estaba como una niña pequeña con la nieve”, disfrutando de varias actividades, como el esquí o las motos de nieve. En general, está “muy contenta con todas las actividades y sitios donde me han llevado”.

El tiempo de estancia en Canadá ha coincidido con la celebración de los Carnavales en Ciudad Rodrigo: “los eché un poco de menos, pero allí también había, además, es una experiencia que no voy a repetir, y los Carnavales siempre van a estar ahí”.

Como balance general, Claudia Risueño explica que el viaje “me ha ayudado a conocer una nueva cultura, que me ha gustado muchísimo; a aprender un poquito más en profundidad el francés -aunque todavía se me resiste-; a perfeccionar el inglés; y a vivir nuevas experiencias”. Tan bien se lo ha pasado que “no me quería volver: aunque al principio da un poco de miedo, porque no sabes lo que te vas a encontrar, se lo recomiendo a otras personas”. [Img #579366]