Sábado, 16 de diciembre de 2017

¿Qué podemos esperar?

Estaba previsto y escrito: “ir pa na” es tontería y se pierde tiempo. Anclados unos y otros en sus posturas egoístas, nos han brindado un penoso espectáculo de descalificaciones, sin explicarnos cómo se alcanza y con qué medios el paraíso que nos pintan algunos.

No les vendría mal un ERE que les devolviera a la realidad y empezaran a tener un poco más de respeto por los ciudadanos. Sería un detalle que, en los próximos meses, mientras siguen sus señorías “trabajando” por salvar sus posaderas, renunciaran al sueldo que no se ganan ni merecen. Pero no están para esos detalles.

El estado de crispación que se ha respirado días atrás en el Congreso de los “disputados”, es un fiel reflejo de la sociedad, cada día más crispada, dando lugar a hechos y situaciones nada ejemplares y mucho menos tolerables en una sociedad que se dice democrática y madura. ¿A dónde queremos llegar con tanta salvajada y tanta insensatez?

[Img #579515]Resulta inadmisible lo ocurrido en Macotera, villa noble y honorable donde las haya, tierra de gentes de pro, que no merece aparecer en los medios por una salvajada de calibre incalificable. ¿Cómo puede andar suelto un animal de semejante catadura? Nuestro apoyo y todo el cariño para Irene Hernández. Que sea fuerte y que tenga la seguridad que su hija  (controla el “valiente”, sabe que va a ser niña) nacerá y todos la recibiremos con el cariño que se merecen los angelitos que nos llegan, para demostrarnos que la vida merece la pena.  ¡Que aparezca el animal ese y le den su merecido!

Otro hecho penoso, muy penoso, ha sido la muerte del Guardia Civil zamorano, arrastrado sin piedad como un trapo, hasta la muerte, cuando cumplía con su trabajo. Una vez más, los mejores servidores pagan un alto precio por su entrega a los demás. Dios lo premie por su sacrificio.

 Y en esta ruleta de la suerte estamos girando un día sí y otro también. No podemos acostumbrarnos a tanto desatino. Y las nuevas tendencias políticas, o lo que sean, parecen llevarnos a esta debacle anárquica, donde el respeto por los demás brilla por su ausencia, sin tener claro que la libertad, que es un derecho, acarrea obligaciones que no podemos ignorar. Hasta que no seamos capaces de entender y asimilar que los derechos que tenemos implican un plus de obligaciones, o los derechos desaparecen o se merman, hasta entonces estaremos dando bandazos y haciéndonos daño todos a todos.

Lo pintoresco, lo que raya en la estupidez esta semana, es lo de los semáforos machistas. Qué bien nos haríamos todos si pasáramos de tanta bobada y nos dedicáramos a convivir como personas, sin tanto matiz sexista. Cabría preguntar al sesudo munícipe valenciano que, si los semáforos son machista porque el muñeco parece llevar pantalones, las mujeres que llevan pantalones también lo son. Estamos llegando a unos niveles de estulticia preocupantes. Pero es lo que le interesa a la progresía que nos invade. O eso parece.

Y visto el panorama, qué podemos esperar de nuestros políticos y de nosotros mismos?  La generosidad lo arreglaría todo. Pero es meta difícil, aunque no imposible. Sólo falta querer, imprescindible para poder.