Martes, 12 de diciembre de 2017

En la boca del lobo... y sin la bula de Ciudadanos

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Apenas doce horas después de que el pleno del Congreso rechazara por segunda vez la investidura de Pedro Sánchez, Mariano Rajoy se hacia presente en el Palacio de Congresos de Salamanca para protagonizar el que puede haber sido su primer mitin de las eventuales elecciones generales del 26 de junio. A Rajoy, que venía de acusar a Sánchez de instrumentar el proceso de investidura para garantizar su propia supervivencia, el debate le ha servido exactamente para eso mismo: Se ha reivindicado como líder del PP y no acepta otra opción que la de una “gran coalición” naturalmente presidida por él.
 
 Aparte de lo que tuvo de desahogo personal, el discurso socarrón y displicente exhibido en el Congreso ha devuelto la autoestima a unas huestes un tanto decaídas y confusas por la perdida de protagonismo del propio Rajoy y de su partido. Y nada mejor en estos casos que la terapia colectiva que proporciona el clásico mitin de partido al que la militancia acude predispuesta a la aclamación. Un “bálsamo de Fierabras”, por utilizar una de esas rancias expresiones que aderezan la oratoria mariana.
 
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Rajoy el pasado sábado en Salamanca
 El hecho objetivo es que la fallida investidura de Sánchez no solo no mejora las expectativas de Rajoy, sino que ha terminado de hundirlas. Se daba por descontado que, sin otras elecciones por medio, el PSOE en ningún caso va a propiciar con su voto la investidura de un presidente del PP. Lo novedoso es que Albert Rivera no ha podido dejar mas claro que Rajoy no va a contar jamás con el voto de Ciudadanos para seguir en La Moncloa. Ni ahora ni después de otras elecciones.
 
Y en contra de lo que se presumía, el pacto entre PSOE y Ciudadanos no ha prescrito automáticamente después de que no prosperara la investidura de Sánchez. Ambos partidos han decidido mantener viva su alianza y defenderla juntos como punto de partida en las negociaciones a mantener con el resto de las fuerzas políticas en busca de los votos necesarios para intentar de nuevo la investidura. Sintonía y complicidad entre PSOE y Ciudadanos que lógicamente se está trasladando a otros ámbitos, como el de las Cortes de Castilla y León, donde el gobierno de Juan Vicente Herrera ha dejado de contar con la bula que le había dispensado el partido de Rivera.
 
A decir verdad, no es que la formación naranja haya dado un giro brusco y se haya alineado de repente con los socialistas, pasándose  con armas y bagajes a ejercer la oposición pura y dura a la Junta. De hecho, ni siquiera ha dado por roto el acuerdo de junio pasado que hizo posible la investidura de Herrera. Lo que ha ocurrido es que la prepotencia con la que el PP ha utilizado el cheque en blanco concedido por ese acuerdo le ha jugado la mala pasada de permitirse aplicar su rodillo sin discrección, esto es, sin tener la deferencia de excluir de su aplicación a los cinco procuradores que facilitaron la quinta investidura consecutiva del mismo presidente de la Junta.
 
 


Una grieta camino de socavón.- La quiebra de confianza trae causa de las comparecencias solicitadas por Ciudadanos en la comisión de la trama eólica, la mayor parte de las cuales fueron vetadas por el PP. Dicha afrenta  se produjo dos semanas antes de que Sánchez y Rivera firmaran el pacto de “El abrazo”, y es la que abre una profunda grieta entre ambos partidos. 

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Fuentes y Rivera en las Cortes de Castilla y León
De ella quedó constancia en el siguiente pleno de las Cortes, donde el portavoz naranja, Luis Fuentes, no ocultó su enorme malestar con el propio Herrera a causa de ese veto del grupo popular. “Se esconden al mas puro estilo valenciano”, afirmó Fuentes aludiendo a Rita Barberá. Y dejó caer toda una advertencia: “El invierno es muy largo y el PP está solo”.
 
 Si ese veto no hacía otra cosa que evidenciar la falta de pudor con la que el PP viene tratando de obstruir esa investigación parlamentaria, su extensión a Ciudadanos constituía un fatídico error. Y Herrera, en lugar de enmendarlo, se encargó de amplificarlo y personificarlo cuando en ese mismo pleno se jactó de que los socialistas hubieran sido “muy torpes” por no haber solicitado su comparecencia ante dicho comisión. Una imprudente jactancia que provocó una fulminante respuesta de toda la oposición, que inmediatamente se unió en bloque para volver a pedir, y ahora de manera conjunta, el centenar de comparecencias vetadas por el PP. Con la novedad de añadir a la lista el nombre del presidente de la Junta.
 
 Seguía sin haberse firmado el pacto de “El abrazo” y esa desafiante actitud  de Herrera ya había empujado a Ciudadanos a hacer frente común con PSOE, Podemos, IU y UPL ante la prepotencia y el abuso de poder de un partido que, sin tener mayoría absoluta y habiendo obtenido 220.000 votos menos que los que sumados por los demás grupos, se vale de un Reglamento obsoleto para bloquear las iniciativas conjuntas respaldadas por toda la oposición.
 
Esa insultante arrogancia ha resultado muy contraproducente para el propio Herrera, habida cuenta de la existencia de otra comisión de investigación sobre un asunto que le resulta demasiado cercano: los multimillonarios sobrecostes del Hospital de Burgos, ese desdichado ensayo de modelo público-privado de gestión sanitaria que él impulsó y que ha resultado ser un pozo sin fondo para las arcas de la comunidad. Y como no podía ser de otra manera, el presidente de la Junta encabeza la lista conjunta de comparecencias solicitadas por toda la oposición.
 
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De Santiago-Juárez abandonando airadamente el hemiciclo
Desquicio ante el bumerán.-  La estrategia del PP de bloquear y desactivar las dos comisiones parlamentarias de investigación ha desencadenado un efecto bumerán de alcance imprevisible. De momento ha dejado al desnudo su descarado intento de echar tierra sobre los graves casos de presunta corrupción que han comenzado a aflorar en la gestión de la Junta, minando definitivamente la credibilidad de Juan Vicente Herrera en esta materia (que, siendo generosos, es la misma que tiene Mariano Rajoy, por ejemplo ante Albert Rivera).
 
 El presidente de la Junta se ha metido él solo en la boca del lobo y su crédito político se desplomará con estrépito si, ofuscado por la soberbia, rehuye también su comparecencia ante la comisión de investigación del Hospital de Burgos. Ciudadanos ha retirado la bula y ha dejado a la intemperie a un presidente que nunca ha asumido la pérdida de la mayoría absoluta.
 El deplorable espectáculo ofrecido durante el pasado pleno de las Cortes por el consejero dela Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez -desatado, cual descerebrado “hooligan”, en rebeldía contra la neutralidad institucional observada por la presidenta de la Cámara-refleja el desquiciamiento que cunde entre la camarilla que protege de la realidad al atribulado presidente de la Junta.