Viernes, 15 de diciembre de 2017

Margaritas de invierno

Todas tenemos una amiga que está por encima de nuestras posibilidades.

Sí, tú también, asúmelo cuanto antes. Sabes de quién hablo, aunque te hagas el rezagado, quedándote al final de la habiltación o mires hacia atrás para ver si estoy hablando con alguien más. No, es a ti, y te escuece reconocerlo porque todos tenemos esa típica amiga que nos hace sentir pequeñitos.

Esa persona a la que, por algún mecanismo que no reconoces, sigues llamando amiga cuando te refieres a ella, pero a la que en tu soledad, libre de coacciones y presiones externas, ya no sabes muy bien qué considerar. Porque hace mucho que no la ves, porque ya solo intervienes en su vida vía Facebook, porque no reconoces gustos compartidos o porque, simplemente, te hace sentir más mal que bien.

Pues todos tenemos una amiga de esas, bebientes de una amistad remanente, algo que estuvo en su momento pero que a estas alturas ya deben haberse comido los gusanos. Pero nos empeñamos en que quien tuvo retuvo y no entendemos -o queremos entender- que la amistad mal sembrada o cuidada, también desaparece para no volver.

Así que si te interesa mi consejo, gratuito y sin ánimo de sentar cátedra, busca en tu maraña personal de cada día aquellas personas que no solo te aportan algo, sino que te soportan física y anímicamente. Deshazte de los amigos que te miran por encima del hombro, porque desde esa incómoda postura poco te van a ayudar. Deshoja la margarita y cuida a los que te queden. No hacen falta docenas, con pocos y buenos ya vas sobrado.