Lunes, 11 de diciembre de 2017
Alba de Tormes al día

La comunidad parroquial mantiene vivo el tradicional besapiés al Cristo de la Salud

ALBA DE TORMES | Como cada primer viernes del mes de marzo, los fieles acudieron durante todo el día a besar los pies del Cristo recientemente restaurado

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La iglesía de San Pedro acogió una vez más el tradicional besapiés al Santo Cristo de la Salud. El día dedicado al Cristo comenzó con una misa matinal y continuó durante todo el día con el besapiés y la lectura continuada de pasajes de la Biblia.  Ya por la tarde los niños de catequesís se acercaron junto con el resto de la Comunicad Parroquial a besar los pies recientemente restaurados, al igual que el resto de la talla del Cristo de la Saludo. 

Datado en el siglo XV

El Cristo de San Jerónimo o de la Salud pertenece al conjunto de crucifijos góticos definido como ‘Christus patiens’, dentro de la corriente iconográfica del Crucifixus Dolorosus propia de la Baja Edad Media, que se caracteriza por la acentuación de los rasgos más patéticos de la imagen. Desde el punto de vista de la espiritualidad, este tipo de representaciones se relacionan con el nacimiento de una sensibilidad mística que tiene su origen en el pensamiento de San Francisco de Asís y su plasmación visual más extrema en las visiones de Santa Brígida.

Cabeza de serie de otros crucifijos dolorosos, el Cristo de la Salud es visitado en 1510 por una comisión de la Universidad de Salamanca que se dispone a hacer una copia para su capilla, identificada con el Cristo de la Agonía Redentora de la catedral salmantina. Su fama no decrece y fue señalado en 1782 como modelo de Crucificados por el Padre Interián de Ayala en su obra ‘El pintor christiano y erudito’.

Se percibe en la escultura un evidente interés por la observación del natural, manifiesta en el tratamiento de la anatomía y el tratamiento del rostro, que refleja en el momento de la expiración una evidente sensación de dolor. La utilización de pelo natural es bastante frecuente en la imaginería gótica para reforzar el realismo. A la fuerza expresiva de la imagen contribuye su policromía, que fue objeto de una intervención restauradora en 1851. En 1940 se solicita el traslado del Cristo a la capilla de la iglesia, ubicada en el coro bajo. 

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