Jueves, 14 de diciembre de 2017

Cuelga tú, tonto

      –Cuelga. 

      –No, cuelga tú.

       –Cuelga tú, tonto...

       Este diálogo, propio de una pareja atontolinada de enamorados, vale también hoy en día para mostrar a los atontados digitales. Basta con sustituir la acepción colgar como cortar la llamada telefónica, por la más reciente de colgar en el sentido de poner mensajes en las plataformas digitales.

      He dedicado más de un artículo a los tontos, una de las especies más interesantes del género humano. Los tontos, tan antiguos como las personas, tienen la particularidad de que se adaptan a la evolución de los ecosistemas con facilidad apabullante. Sorprendería que ahora mismo sea una de las especies vivas más protegidas pese a que no corre peligro alguno de extinción, si no fuera porque hay listos y listillos a los que conviene que los tontos crezcan y se multipliquen. En el pasado abundaron los que se dejaban estafar por vendedores de ungüentos mágicos, ilusionistas, prestidigitadores, fundadores de sectas y conquistadores insaciables que los utilizaban como carne de cañón. Cabe suponer que entonces funcionaban mediante el boca a boca y se contagiaban (pocas enfermedades hay tan contagiosas como la necedad) mediante arengas enardecidas de profetas y caciques, el repicar de las campanas y el estruendo de cornetas y tambores. Hoy la mayoría de los tontos son telecomunicados: televisibles y televisuales, cibernautas cazados a red y mensajeros movilizados por el móvil.

        David Foster Wallace cuenta en un reportaje sobre un crucero de lujo por el Caribe: "He oído a americanos adultos y boyantes preguntar en el mostrador de Atención al Pasajero si hay que mojarse para bucear, si el tiro al plato tiene lugar al aire libre, si la tripulación duerme a bordo y a qué hora es el Buffet de Medianoche". Lo malo es que tales simplezas quedan como reflexiones inteligentes si se comparan con las que podría contar de sus alumnos cualquier profesor de enseñanza media y superior.

 [Img #574329]     Basta echar un vistazo a las redes sociales para encontrar auténticos bancos de pesca compuestos por las diversas variedades de tontos: necios, ignorantes, bobos, memos, lelos, lilas, torpes, capullos, descerebrados, tolondros, pasmones, idiotas, cortos, cretinos, estultos, maulas, primos, zopencos, cazurros, pardillos, pasmarotes, tarugos, zoquetes, chorras, mentecatos, gilipollas, gilipuertas, chocholos, cabezas de chorlito, imbéciles, simples, merluzos, papanatas, sinsorgos, sandios, estúpidos... Son individuos que aplauden los alardes gimnásticos de los pirados que saltan desde balcones a la piscina, manifiestan admiración eterna a raperos analfabetos, se desgañitan insultando a políticos, escritores, cantantes, deportistas o profesionales de cualquier ramo que no sean de su gusto, secundan entusiásticamente ideologías trasnochadas, repiten consignas rancias y terminan votando a estafadores como Podemos, organización que cuenta con cómplices bienintencionados, quizá la modalidad más peligrosa de la tontería.

     Y a propósito del colofón que ha tenido la candidatura a la presidencia del gobierno de España por parte del representante del PSOE, el partido que obtuvo su peor resultado en unas elecciones generales, viene al pelo la afirmación de Doris y David Jonas en Sexo y status: "únicamente nuestra especie conserva sistemáticamente a sus perdedores".