Domingo, 27 de mayo de 2018

Magdalena Correa acerca la vida de la población indígena Wayúu a la galería Adora Calvo

La autora ha explorado a través de la fotografía y el vídeo la vida de este territorio aislado entre Venezuela y Colombia (GALERÍA DE FOTOS)

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“Una zona desértica y plana donde casi no hay agua y los habitantes viven diseminados en núcleos de población muy alejados los unos de los otros”. Así es la Guajira, la tierra de la población indígena Wayúu ubicada entre Colombia y Venezuela que Magdalena Correa ha explorado a través de la fotografía y el vídeo para aproximarse a este territorio aislado, “lejano, física y conceptualmente de nuestras mentes, donde la vida que allí se desarrolla está condicionada por unas circunstancias naturales y climatológicas extremas.”

A través de la exposición ‘Wayúu’ (2015-2016), que se ha inaugurado hoy en la galería Adora Calvo, la autora da continuidad a sus proyectos anteriores y realiza una disección de los modos de vida de niños, mujeres y hombres que recorren largos caminos a pie, en burro o bicicleta para buscar agua, duras condiciones que no impiden a los habitantes de este pueblo sonreír, desarrollar su enorme creatividad y sus excentricidades afrontando cualquier dificultad desde un punto de vista sumamente lúdico y  optimista.

“Es un pueblo que a fuerza de tener que obviar una cruda realidad se ve abocado a crear, por así decirlo, otra mucho más amable y soportable. ¿Magos? “No podría asegurar que comí o que bebí para sucumbir ante sus supuestos hechizos, pero volví enamorada de aquella suma de territorio, animal y ser humano fundidos en un solo ente. Aún hoy, mi lenguaje, con las imágenes y los recuerdos muy cercanos, sigue imbuido de esa ambigüedad y en cierto modo de ese surrealismo en el que uno se sumerge cuando llega a aquella tierra llamada Guajira”.

 Así se plasma en la exposición que acogerá la Galería Adora Calvo (Calle Arco, 11 – Salamanca) entre el 20 de febrero y el 9 de abril, donde se mostrarán las fotografías de Magdalena Correa para “explorar aquellos territorios que se encuentran en situación de aislamiento, precariedad y olvido: me mueve mirar y detenerme en aquellos espacios geográficos y humanos aislados y desconocidos que coexisten de manera habitual y real a nuestra vida cotidiana, pero que no son objeto de nuestra preocupación porque vivimos instalados en la comodidad y no necesitamos preocuparnos por su existencia y porque en muchos casos, dadas las dificultades para acceder a ellos, simplemente no figuran en los mapas”, asegura la autora.

Fotografías: Alejandro López