Jueves, 14 de diciembre de 2017

Por dinero baila el can, y por dinero si se lo dan...

En los seres humanos tanto la vida como la convivencia alcanzan su forma más evolucionada. El conocimiento consiste en la correcta identificación de los hechos. La razón es la facultad y el proceso por medio de los cuales los seres humanos integran datos o presentes en la conciencia, de acuerdo con la ley de la no contradicción. Pero nuestra libertad no es ni absoluta, ni ilimitada, dentro de la misma mente pueden existir limitaciones del pensamiento. Somos también libres de probar pero no siempre existe garantía de éxito.

Somos la única especie libre de ignorar nuestro propio conocimiento o de traicionar sus propios valores. La autoestima es la reputación que adquirimos frente a nosotros mismos, antes se le llamaba honor. Todos experimentamos quiénes somos en el contexto de nuestras relaciones con las cuales antes se adquiría mayor honra. Cuando tratamos a otros seres humanos esperando que sean racionales, aumentamos la probabilidad de que se muestren honestos.

Muchas veces hay gente que se empeña, incluso nuestra propia mente, por no se sabe qué razón, que quiere vivir o vive más en el pasado que en el futuro o presente, o en estados de indecisión o preocupación. Esas preocupaciones o miedos a lo que pueda pasar, provocan inseguridad y temor al futuro. Al cabalgar entre el pasado y el futuro la mente va cultivando y cimentando miedos a cosas que uno ha vivido o tiene que vivir. El miedo sabotea a la mente, la claridad y la eficacia.

Es importante aprender a limpiar el registro de miedos de nuestra memoria. Eso es posible, primero, aprendiendo a no acumular experiencias, mensajes o soflamas negativas en el registro de la conciencia, o de la memoria operativa del día a día. Para eso no debemos de dejar de pensar en que agua pasada ya no mueve molino, y pensar en hacer y trabajar en positivo... No necesitamos recrear el pasado y estar dando vueltas a algo que ya es inútil, ni escuchar mensajes que no van a ninguna parte, pues la persona se agota, y no soluciona. Hay que abrirse a nuevos retos de forma limpia desde la propia racionalidad y el propio sentido común. Como decimos en Castilla: “Algunos se ponen orejeras, incluso prestadas, y no ven más allá del minifundio inmediato”.

La sociedad española está en la actualidad saturada de miedos, unos impuestos y otros evidentes. Cuando se hace algo sin estar seguro de hacerlo libremente, teniendo miedo al fracaso, dudando si se tendrá éxito, lo que se haga, con esa duda no tendrá mucha fuerza. La actual lucha política por la investidura de unos y otros está saturada de inseguridades, por ello el resultado no puede ser bueno ni para propios ni extraños.

"Cuando dos elefantes luchan sufre la hierba" decía el dicho. Urge una solución mientras los paquidermos siguen su colosal lucha, mientras sus patas va quedando un erial de desolación. ¿De que se alimentarán ellos mismos cuando todos los árboles no sean más que astillas y no quede ni una brizna de hierba?

No estamos asistiendo a un ejemplo de lucha política o de trabajo basado en unos valores, una visión clara, un estado de autoestima, de confianza, de serenidad y bienestar, que con claridad, concentración y enfoque guíe hacia el éxito. Por ello empezamos a dudar de la capacidad de llevar a cabo una buena gobernanza del Estado por parte de los candidatos y sus equipos. A estas alturas será difícil que alguno nos convenza. Más bien parece que “por dinero baila el can, y por dinero si se lo dan”.