Lunes, 20 de noviembre de 2017
Béjar al día

“La mala suerte de haber nacido mujer”

A las mujeres las sillas nos dejan con los pies colgando y las aceras tienen huecos para no poder andar con tacones, una sociedad en masculino

[Img #562182]Una vez más, al poner la televisión, en el telediario, mujeres asesinadas delante de sus hijos, y la noticia de que la alerta terrorista sube de nivel en Francia e Inglaterra, y no puedo por menos que preguntarme, ¿cuándo una alerta para el terrorismo doméstico? ¿cuándo una implicación real de todos los poderes públicos?¿cuántas mujeres más tienen que caer para que se tomen medidas? Es verdad que hay leyes que las protegen, pero ¿quién las protege de los jueces que no las aplican?

Vivimos en una sociedad que hace salir de sus casas a las mujeres para esconderlas, mientras esos terroristas siguen sueltos, ellas se van con sus hijos a los que tienen que mantener solas, porque ellos dejan de pagar las pensiones alimenticias y a la vez, se pasean por los juzgados con sus flamantes “abogados de pago” en pos de una reducción de esas pensiones que nunca pagaron. Muchos también dejan de amortizar su parte de las hipotecas, que ellas continúan abonando, también solas, velando por un patrimonio que nunca será suyo y con sueldos, mucho menores que los de ellos, por “la mala suerte de haber nacido mujer” y lo más terrible, cargando con la herencia del abandono en que los hombres dejan a esos hijos comunes para castigarlas.

Y luego nos preguntamos ¿por qué no denuncian?, ¿por qué se dejan matar?, ¿por qué aguantan los golpes, las vejaciones, el peligro?,¿por qué, por qué, por qué...?

Porque igual que a nosotras las sillas nos dejan con los pies colgando y las aceras tienen huecos para no poder andar con tacones, la sociedad está hecha a su medida,  les hace invulnerables y ellos lo saben, lo explotan y se les cree, sin que nadie se pare a pensar que cuando una mujer decide dar el paso de decir basta, comienza una nueva batalla que se topa con la Justicia, o más bien con la Injusticia que no es capaz de contextualizar. Es hora de quitarle la venda de los ojos a esa mujer que sostiene una balanza entre sus manos, que siempre se inclina a favor del hombre cuando ambos sexos se colocan en sus platillos, sólo por el hecho de que ellos pesan más.