Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Islands

Quizá porque me hago mayor, veo más lejos que nunca, y más claro, ese “never too far” del "Islands" de Mike Oldfield; camino y veo satélites y planetas, ya no islas, chocando a veces pero sin notarse.

Paseo por la calle, escucho mi música, la que quiero; me abstraigo, conversó conmigo; está bien, pero no podría siempre; debe ser el conflicto generacional, pero me gusta sentarme a tomar un café y charlar, o dedicarle tiempo a escuchar música –que se oiga por toda la habitación– sin hacer otra cosa, salvo acompañar con el ruido de un par de cubitos de hielo poniendo el whisky a punto; mi vida tiene banda sonora, variadita, desde luego, pero no todo el rato; también hay música incidental...

Y silencio.

Creo que puede ser demasiado tarde cuando algunos se den cuenta de que viven para oír, ni siquiera para escuchar; y no estoy hablando de música, sino del mundo, la vida; incluso, de sus propios pensamientos.

Soy generación walkman… Y hablo del walkman de caset, no del discman, algo muy moderno y caro, de moda cuando llegué a México, impensable para unos estudihambres –mexicanismo de hoy­–.

Explico todo esto para contextualizar a los lectores más jóvenes, que digo yo que alguno habrá… En estos tiempos de spotifys y demás, creo que les falta la referencia acerca de los inicios de cargar música para pasearla…

Porque, ya quedó claro, sí que he ido muchas veces escuchando música por la calle… Y no solo música, iba escuchando la radio, lo que me conectaba, sin que entonces me diera cuenta, con los ancestros que salían a la calle, aunque fuera al poyo de la puerta, con el transistor.

Imagínense, esta ciudad, en la que llevo más de 20 años, implica desplazamientos de una hora o más… Mucho escuché… Música, programas, y porque no había “carrusel deportivo”, que si no, también.

O sea, que vuelvo a uno de mis temas recurrentes: avisar a los navegantes que creen que están inventando el hilo negro, que ya nuestros abuelos hacían cosas bastante parecidas. O que “ya todo estaba escrito cuando Vallejo dijo: Todavía”, parafraseando al chileno Gonzalo Rojas.

Sin embargo, creo que lo que pasa hoy es que se está produciendo un cambio brutal en los usos sociales: el ensimismamiento –aunque hay quien lo llama individualismo– se nutre de estos usos musicales.

[Img #559600]En los lejanos 80, Bonnie Tyler cantaba “Islands”, de Mike Oldfield: “We are Islands but never too far, we are Islands. And I need your light tonight, and I need your light tonight”. No lo voy a traducir, busquen la canción, y seguro que en Google aparece la letra, y traducida. En esos años en los que empecé a escuchar música por la calle, escuchaba esa canción, y otras muchas, y radio hablada… Escuchaba lo que quería… Entre las ofertas que había en la radio o los casetes que podía cargar. También escuchaba programas hablados… Todo ello, casi siempre cuando iba en el “pesero” –otro mexicanismo–; cuando bajaba, normalmente, me desconectaba del portátil y me conectaba con la realidad. No siempre, claro, a veces estaba bueno el programa o me apetecía seguir un rato enmimismado.

Sin embargo, ahora, quizá porque me hago mayor, veo más lejos que nunca, y más claro, ese “never too far”; camino y veo satélites y planetas, ya no islas, chocando a veces pero sin notarse. Con plena libertad de elección, escuchando verdaderamente lo que quieren –hasta se lo habrán “bajado”, seguramente– y no lo que quieren “los de la radio”, o “los de las disqueras”.

Y, sin embargo, tengo la sensación de que somos menos libres, para elegir, para caminar, para vivir.

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