Martes, 19 de septiembre de 2017
Béjar al día

Mentiras, más o menos, arriesgadas

BÉJAR | “Quiero espantarme un sentimiento amargo, que se me produce cada vez que me enfrento a una conversación donde hay una mentira, donde yo sé que me están mintiendo, y lo que es peor cuando la otra persona sabe que lo sé.... y somos incapaces de parar”

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MENTIRAS

De la forma más tonta se me ha aparecido hoy una mentira. Me ha hecho pensar y decidido hacer un repaso de las mentiras que conozco:

Está la mentira de verdad, en mayúsculas, esa que quien la suelta lo tiene claro, sabe lo que quiere, piensa que todo el mundo es tonto y realmente le da igual si se le pilla o no, entre otras cosas porque sabe perfectamente que entre sus interlocutores hay un grupo que, diga lo que diga, le va a secundar y el resto le importan un pimiento.

Yo creo que estas son las típicas del telediario, de la clase política y hasta las de los anuncios. Cuando se trata de una amistad hasta nos da la risa.

Luego está la mentira de quien quiere agradar. Se trata de un lío en el que todas las gentes (unas más que otras) nos hemos metido alguna vez y que normalmente sale fatal. La cosa empieza diciendo lo que crees que otra persona quiere escuchar, y como esto no es fácil de acertar porque, lógicamente,  nadie está en la cabeza de nadie, pues al final te metes en un charco en el que acabas no siendo tú misma y te pillas diciendo tonterías que no puedes sostener en ninguna parte. Y lo que es peor, te acaba dejando fatal con otra persona.

A mí una de las mentiras que me dejan catatónica son esas en las que alguien te dice algo a todas luces innecesario, ofreciéndote su amistad, queriendo verte, diciéndote lo que se acuerda de ti.... digo que me dejan catatónica porque nunca sé muy bien lo que tengo que hacer. He probado todas las alternativas, mayoritariamente me quedo escuchando, intentando no parpadear, pero claro, las arrugas que tengo en los ojos y en el ceño no son precisamente de no haber estado gesticulando 56 años.

Alguna vez me he puesto farruca y he interpelado a la persona cantándole la gallina turuleta, tengo que decir que esta opción la desaconsejo completamente porque a mí siempre me ha salido fatal, casi nunca se me ha entendido y en un porcentaje de veces muy pequeño ha tenido para mí una consecuencia nefasta y se me ha devuelto que soy una borde y una mal educada sin posibilidad de reproche a un comportamiento tan feo.

Hay un capítulo de mentiras que yo llamo tontas. Estas las suelen hacer siempre las mismas personas. Resulta que se trata de mantener una imagen general y, para mantener esa imagen, se cuenta rollo tras rollo en cosas de poca monta. Estas personas a veces mienten con efecto retroactivo (yo me he pillado a mí misma haciéndolo alguna vez) tergiversan hechos del pasado (que viene a ser como echar una mentirijilla) que en el fondo da una buena imagen de una misma, por lo menos eso te crees. El problema empieza cuando se hace sistemáticamente y se acaba perdiendo la olla, porque para mantener esa imagen tienes que contar un rollete hasta para hacer el cocido, con lo que acabas aburriendo al personal.

Tengo que decir algo sobre esa mentira que hace con carácter puntual la gente que no sabe mentir. Se trata de algo que te hace sufrir durante mucho tiempo y a lo que generalmente te has visto obligada, aunque esa obligación sea algo imaginario.

Resulta que quieres ocultar una cosa que has hecho y no quieres que se entere otra persona. Por ejemplo, te inventas una película y se la sueltas, pero claro no puedes dejar cabos sueltos y vas añadiendo historias a la historia inicial. Se sigue enredando el tema porque conoces a  alguien más que está en el ajo y te puede destapar, sigues liando la madeja… Es el momento en el que la marcha atrás es ya completamente imposible y lo único que te queda es construir un relato que te crees tú misma porque si no estás perdida. Lo cierto es que en momentos de soledad te asalta el recuerdo y te sientes un ser miserable.

A mí me encanta una mentira que la llamaré "pequeño teatro cuando estas hastiada". Yo esta la practico poco, pero siempre con una amiga o alguien que quiero mucho para divertirme. Vamos que es un pecadillo venial. Consiste en que a alguien que te tiene cansada no, lo siguiente (tipo tu jefa u otra persona que ya no soportas el trato que te da) vas y le dices que te cambias de trabajo, que te vas a algún viaje, que te ha tocado la lotería u otra tontería. Le ves la cara y ya con eso te sientes satisfecha y fijas un recuerdo imborrable que sale a colación cuando te tomas una copita de más con quien lo has urdido y te partes de la risa.

Las mentiras que menos me gustan son esas mezquinas y cobardes que conoces. Tipo la de uno que sabes fehacientemente que tiene una novieta mientras que su mujer está planchándole los pantalones en casa, preparándole la comida, cuidando a la prole... tachadme de conservadora si queréis pero no lo puedo remediar. Hasta que agota la relación, que vuelve con cara de pobrecillo y que en orden a justificarse sale con que claro, que es que su mujer ya no es la que era. Definitivamente tachadme de lo que queráis porque lo merezco.

No sé a santo de que escribo todo esto. Tal vez quiero espantarme un sentimiento amargo que se me produce cada vez que me enfrento a una conversación donde hay una mentira, donde yo sé que me están mintiendo, y lo que es peor cuando la otra persona sabe que lo sé.... y somos incapaces de parar.

Emma Kunst