Viernes, 15 de diciembre de 2017

Retrato robot de una mujer

Ella es una mujer que nunca hizo la compra ni tendió las sábanas, una mujer que sobrevive a todos los espejos blancos, que ha conocido el llanto de los caracoles, que retuvo en sus brazos una niña muerta hasta la noche en que nació el primer gusano.

Ella es una mujer que rompe los cerrojos con las uñas para pasar a la otra orilla, que sabe descifrar la edad de los fantasmas, que lava sus heridas por la noche con leche de camello, que asusta a los enterradores sordos y los muertos y se desnuda por la noche en las confiterías, como si nada aconteciera.

Ella es una mujer que sueña con tacones rojos, que disparó una vez a un transeúnte ciego, que roba lencería en los comercios caros, que duerme en los rincones de las fábricas y come naranjitas y limones..

Ella es una mujer con cicatrices en los ojos. Una mujer feliz que colecciona fetos de animales raros, que se aprendió ­–en inglés– todos los nombres propios, que conoció a los muertos de Manhattan y amamantó una tarde a un empresario triste.

Ella es una mujer a la que aman todos los ahorcados, una mujer mayor que trabajó en un puesto de sandías, que recibió la bendición de tres obispos, que se marchó a vivir a una isla oscura, que nunca se acostó con un forense. Una mujer que se fió del mar y de los hombres, que puso dinamita en una procesión, que reventó de un grito una paloma y se atrevió a eructar en un entierro.

Ella es una mujer, intacta y única, que abre el amor con su saliva adulta, despilfarrada en besos y promesas, que empapa el corazón con vino de Cigales, que a veces se disfraza de azafata y huele a mandarinas sin lavar. Una mujer de horquillas en el pelo, la falda por las tibias, la espalda al natural y leotardos negros y arrugados como la muerte. Ella nos ata en un extraño malabar a sus pestañas y luego nos rebana la mirada, lejana y distraída, como queriendo comentar cualquier asunto diferente al de los cuerpos

Ella es una mujer con infinitos ojos del color del Círculo Polar. Y unos labios redondos y discretos. Y una piel a medida.

Puede que fuera rubia, puede que en su sonrisa hubiera algún beso reciente, una mentira más, una respuesta, no lo sé, jamás me atrevería a delatarla.

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