Viernes, 23 de febrero de 2018

Celebrando la Navidad con humos

Estas Navidades ha vuelto a ocurrir lo mismo de siempre, sobre todo si de repente llueve, a determinadas horas hay calles de la ciudad que se llenan de coches, se atascan, aunque a escala salmantina claro. Nuestros problemas de congestión de tráfico se miden en minutos, afortunadamente la escala de la ciudad se “respeta”, no somos Madrid. Resulta llamativo observar cómo la inmensa mayoría de los coches transportan sólo al conductor, cierto que en algunos es posible ver hasta dos ocupantes, más no resulta fácil. Teniendo presente que hay quien dice que el coche es vital para ir de compras, no acabo de comprender cómo la mayoría llevan a una sola persona y luego ves que comprando no hay nadie sólo.

[Img #525832]Otra cosa que me llama la atención es enfrentar la lluvia no con un paraguas, sino sacando el coche. Si el destino del ocupante garantizara una plaza de aparcamiento en la puerta entendería que su comodidad, atascos aparte, es imbatible. Pero lo habitual es aparcar lejos de ese destino, por lo que usan el paraguas a veces tanto tiempo como si hubieran ido andando desde el punto de origen. O más que desde la parada del autobús urbano más cercano. Por supuesto la bici se descarta, hace frio y llueve y eso sólo lo aguantan los del Centro y Norte de Europa que se empeñan en usarla a pesar de todo; qué gente más primitiva.

Claro que el transporte público colectivo de la ciudad, como usa el autobús, sufre también los efectos de la congestión de vehículos. Estas Navidades hemos podido disfrutar algunos días la contemplación, durante más tiempo del habitual, de las evoluciones del tráfico privado por nuestras calles, desde las paradas que están en primera fila. Bien porque el autobús llegaba tarde o directamente desaparecía el servicio. Privilegio del que se goza durante gran parte del año en horas punta.

En definitiva, no parece que podamos decir que Salamanca esté viviendo con intensidad un nuevo tiempo en algunos temas importantes. La política de tráfico, de transporte público, de bicis, es la de siempre. La vieja imagen de la Gran Vía repleta de coches, sobresaliendo entre ellos numerosos autobuses urbanos y del alfoz se mantiene. Claro que, al decir de algunos, los que molestan son los autobuses, es preferible que el espacio que ocupa uno con 90 pasajeros lo utilicen tres coches con uno cada uno. Plantearse aplicar el Plan de Movilidad vigente y dedicar esa calle en exclusiva al transporte público seguramente dañaría la economía local, ¿van a saber más los redactores del plan que tantos expertos como hay en la ciudad?. Aunque continúen los atropellos de viandantes, de ciclistas e incluso moteros. Para quienes caminan quizás habrá que seguir eliminando pasos de peatones, garantizando así su seguridad vial según las últimas técnicas municipales. No parece que el Metrominuto de Salamanca a Pie sea el mapa de cabecera de muchos conciudadanos.

Si algo más queda claro es que la contaminación no le preocupa a casi nadie, no ya sólo porque se admita sin rechistar que una minoría de viajes (el 23’8%) sigan atestando las calles de coches y sus tubos de escape, o porque se utilicen en vez del paraguas cuando llueve. Es que, además, a la hora de comprar esos vehículos encima se premia a quienes engañan (y defraudan) con sus emisiones reales. Ya veo que lo de las 27.000 muertes prematuras anuales por contaminación no hizo mucha mella.