Jueves, 14 de diciembre de 2017

Antonio Colinas, poesía que es ofrenda diaria

"Sólo soy un escritor de vocación y de profesión que a lo largo de esos cincuenta años he sido fiel a mi voz interior", confiesa
Antonio Colinas

En unas fechas el escritor Antonio Colinas recibe en el Palacio Real el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Coincidiendo con este acto, la Universidad de Salamanca publicará ‘Lumbres’, una selección de poemas del poeta leonés afincado en Salamanca.

Pregunta.- ¿Qué música escucha un poeta que recurre en sus títulos a la “música silente”?
R.- Sí, hay esa música, que es una música interior, pero luego me gusta mucho la música barroca y la impresionista, la que va de de Bach a Debussy.

La presencia de Antonio Colinas está rodeada por un aura de serenidad y de quieta sabiduría. No se impone, sencillamente nos pertenece a todos los que requerimos su palabra sabia que sabe entregar con generosidad y sin que nos demos cuenta de que, entre nosotros, vive uno de los poetas más importantes de la literatura española.

P.- Hace muy poquito le pregunté a José Luis Puerto si verdaderamente en estos tiempos apresurados la poesía defiende ese intento demorado por trabajar el lenguaje ¿Cree que esta vida ferozmente vertiginosa tiene espacio para ese trabajo poético?
R.- Existe poesía desde el origen de los tiempos y así seguirá siendo. China y Mesopotamia la tienen desde el siglo XX antes de Cristo. Renovar el mensaje poético es una labor en el tiempo, a lo largo de los siglos.

P.- La Bañeza, los pueblos del norte de Zamora, Madrid, Italia, Ibiza… ahora Salamanca, es usted un poeta viajero que abraza las raíces y vuela por insospechados espacios como La India ¿Cuáles son sus espacios poéticos? ¿Cuáles sus espacios vitales en la actualidad?
R.- En buena medida los que ya ha nombrado. No he ido en la vida a donde he querido sino donde el destino me ha llevado. Así se ha ido conformando lo más importante: el diálogo con otras culturas, pero mis raíces vitales y literarias están en estos territorios de León, de Salamanca en estos momentos, de Zamora, la tierra de mis abuelos, en nuestra Comunidad, en suma.

P.- ¿Por qué Salamanca, Antonio Colinas?
R.- Por razones puramente familiares. Mis hijos estudiaban aquí, María José, mi mujer, tiene muy hondas raíces familiares salmantinas, y por la atención de mis padres, que fallecerían poco después, así lo exigían. Luego, literariamente, vivencialmente, Salamanca había supuesto mucho para mí antes de venir a vivir a ella. Salamanca está traspasada también de universalidad, pertenece a todos.

P.- Hace un año aproximadamente, respondía usted a las preguntas de la poeta salmantina Charo Ruano en las páginas de este periódico, ella le preguntaba por su pertenencia a un grupo de poetas…  ¿Debemos ordenar la poesía en Antologías, como aquella famosa ausencia suya en la de Castellet? ¿En generaciones? ¿En espacios geográficos?
R.- La poesía es algo entrañablemente unido a la vida, ante todo. La poesía es también una vía de conocimiento. La poesía es un fenómeno anímico universal, aunque con raíces en cada territorio natal. Todo lo demás es “literatura”.

P.- Es en Salamanca donde presta todos los sábados sus poemas en una columna de Salamancartv Al día llamada 'Cartas'. ¿Cómo abordó este proyecto? ¿Cree que el papel de la prensa es compatible con la escritura poética?
R.- Además de casi medio siglo de poesía y de escritura en otros géneros, he traducido mucho y he colaborado en los medios de comunicación, bien por medio de la crítica literaria o de los artículos de opinión, o de lo que yo llamo “misceláneas”. Ello prueba cuanto antes le decía: que nada en la vida me es ajeno y de que literatura y vida van unidas.

P.- Traductor, profesor, ensayista, gran conocedor de la literatura, poeta… narrador ¿Es su obra narrativa la gran desconocida de su reconocida trayectoria?
R.- No lo creo. Hay lectores que me conocen más por mis “Tratados de armonía” o por mis novelas o cuentos que por mi poesía. Pero qué duda cabe que ésta es el centro de mi vida. Profesor lo he sido muy circunstancialmente, como escritor, como profesor invitado sí he estado  varias universidades del extranjero. Pero sólo soy un escritor de vocación y de profesión que a lo largo de esos cincuenta años he sido fiel a mi voz interior.

P.- Esa trayectoria, premiada, reconocida… parte del sentido primero de la palabra poética según otro gran poeta, José Luis Puerto… ¿Qué piensa ante los reconocimientos, los fastos que acompañan en cierto modo al escritor ya encumbrado? ¡Y le recuerdo que ambos nos hemos encontrado entre las columnas del Palacio de Oriente, con los reyes, festejando a un Premio Cervantes!
R.- Bueno, una cosa es la creación literaria y otra la vida literaria. Una y otra se complementan y a veces hay que cumplir acudiendo a los homenajes que se le tributan  a los escritores que admiramos y que son elegidos con justicia y no mediante intrigas.

P.- Lejos de esos reconocimientos públicos y del ruido que les acompaña ¿Qué hay en la soledad del cuarto en el que escribe Antonio Colinas?
R.- Deseos de buscar esa voz interior de que antes le hablaba. El escritor tiende en nuestros días a tener miedo de la soledad de su cuarto y de la página en blanco, esa que hay que llenar de palabras. La imagen y ciertos medios nuevos lo distorsionan todo, nos sacan de nosotros mismos. Siempre se lo digo a los jóvenes: lo primero es crear en la soledad del propio cuarto frente a la página en blanco, tener maestros, lecturas abundantes, sin sectarismos.

P.- ¿Ese cuarto es el de Aleixandre, el de María Zambrano, el de los poetas leoneses?
R.- Es el cuarto de cualquier escritor que quiera ser fiel a su palabra y expresarla con novedad y fidelidad. La poesía debe ser, ante todo, palabra nueva, no “fotografía”, o fuego de artificio de las palabras, sino revelación de nuestra personalidad al contacto con el mundo y sobre todo con nuestra experiencia de ser. En la emoción de la poesía tampoco debe faltar el pensamiento.

P.- Poeta que escribe, poeta al que ilustran y esculpen la palabra poética ¿Cuál es la relación de la poesía con las artes plásticas, experiencia que conoce muy bien?
R.- Existe una gran relación entre la poesía y las demás artes. Yo no concibo mi propia obra sin la influencia de la gran música, de la pintura, el Arte en general, o de factores como los viajes u otras experiencias estéticas. Todo se interrelaciona en la mirada de la poesía y del poeta.

P.- Cuando mi querido amigo y admirado editor de poesía, Teófilo González Porras le publicó en su excepcional colección extremeña de Abezetario el libro Nueva ofrenda recuerdo que me admiró su conocimiento excelso y clásico de la belleza y su profundo conocimiento de la historia. Esta antología es del 2009 y en ella recorremos desde una “Suite Castellana” hasta el Mar Muerto… ¿Cómo compagina tan bien la raíz y las alas?
R.- Sí, yo le tengo mucho afecto a esta antología, porque reúne de manera ideal mi poesía; aunque la visión completa de ésta hay que buscarla en mi “Obra poética completa”. Siento un gran afecto hacia Extremadura y hay obras mías muy unidas a esa tierra, como el libro monográfico que se hizo sobre mi obra, “El viaje hacia el centro. La poesía  de Antonio Colinas””, o la preciosa edición de “Sepulcro en Tarquinia” que ilustró Javier Alcaíns.

P.- Sus encuentros con los alumnos de secundaria y primaria son muy emotivos, no puedo olvidar su constantes invitaciones a la lectura… es también el pregonero de la Feria del Libro de Salamanca ¿Cómo hacer que lean, que se aproximen a un tipo de literatura no de consumo rápido?
R.- En la enseñanza primaria y secundaria están la base cultural y lectora de una persona. MI experiencia con los alumnos de esos centros ha sido muy positiva. Para los alumnos es muy importante el contacto directo con el escritor vivo. Hay, por el contrario, quienes apuestan por el escritor cuando éste se halla en una fase terminal o ha muerto. Algo muy triste. Por eso, ese contacto con los centros de enseñanza directo, también con las universidades, es muy vivificador para todos.

P.- A menudo habla en sus entrevistas… porque usted es un hombre generoso con su tiempo y su palabra, de la luz ¿Es una búsqueda ya lograda?
R.- Hablo en mis entrevistas porque, como le he comenzado diciendo, para mí poesía y vida van profundamente fundidas. En consecuencia, nada me es ajeno y procuro dialogar y abrirme hasta donde mi tiempo me lo permita, que no siempre me lo permite.

P.- Esa luz de la poesía siempre cuestionada ilumina nuevas editoriales, encuentros, libros, premios ¿Es una crisis la de la poesía que no existe por mucho que se aluda a ella?
R.- No creo que exista crisis de la poesía. La poesía tiene los lectores que debe tener, así ha sido desde el origen de los tiempos. La poesía exige una cierta iniciación y sensibilidad, pero no se puede concebir un mundo sin poesía. El día que así fuera el ser humano habría renunciado a su humanidad. Creo que en nuestro tiempo la crisis está en la sociedad, aunque es cierto que nos faltan hoy conceptos serios de lo que  debe ser el arte, la poesía, la literatura. Intelectualizamos demasiado estos conceptos y nos olvidamos de la experiencia de ser y de estar en el mundo. Una manera de ser y de estar en el mundo. Esto también es la poesía.

P.- Evidentemente en su caso no lo es, la poesía es trayectoria, vida vivida y vida que vive ¿Vida futura en nuevos proyectos?
R.- Así lo he venido expresando, sobre todo, en esta entrevista. Mientras haya vida seguiremos trabajando, escribiendo, creando. “Nos queda la palabra”, dice lo que ya es un tópico poético, pero verdadero.

Y esa palabra precisa, sobria, medida a lo largo de páginas, charlas, conferencias, encuentros y entrevistas, se calla un momento para seguir dialogando en ese papel blanco donde trabajan los días de Antonio Colinas. Un autor que ha elegido Salamanca para condensar en sus palabras la luz de una infancia leonesa y zamorana de frío cristal lleno de reminiscencias vivas. Antonio Colinas teje a su alrededor un aura de lejanas sabidurías, una cercanía coloquial de castellano drecho. Una luz viva de viajero que contempla. Por eso su presencia impone el respeto del conocimiento, el mismo con el que asistimos a su poesía culta y viajada, exquisita y cercana. Y su presencia en Salamanca se vuelve una ofrenda inmerecida, un privilegio siempre nuevo.

Charo Alonso